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martes, 20 de enero de 2009

Ella dijo:
"Tengo un poema favorito. Dice:

La campana de la soledad
tañe sin ser tocada
melancólicamente es la segunda naturaleza de un hombre nostálgico
pero se es más extranjero viviendo aquí
con nostalgia en casa
como si hubieras vagado por años
y de pronto, recordarás un familiar sendero bajo la luz de la luna"

Tengo que leer más poesía asiática

lunes, 12 de enero de 2009

Del viaje a tierras caribes


Hay días en que la falta de viento hace que las hojas de los árboles se mantengan inertes, estáticas, muertas, y en esos días no existe un escondite para huir del calor. Hay otros días en los que la brisa no deja caminar, y es necesario hacer posturas extrañas para romper la resistencia del aire. A la brisa, la llaman ¨la loca¨, y no es precisamente por ser racional. En los días sin brisa, el ventilador que decora cada cuarto solo mueve aire igual de caliente a la temperatura, y la vida se vuelve pesada, sofocante, cada movimiento se piensa de acuerdo a la cantidad de exposición al sol que se necesite. La gente se refugia en la sombra, y dejan de luchar contra el impulso de quitarse la ropa.

Santa Marta es el lugar donde creció mi madre, en medio de obstáculos y necesidades. Ser mitad costeño aparentemente me ha traído una que otra ventaja en el mundo, pero para ser un costeño completo hay que crecer en la costa, y poco ha sido mi contacto con ese lugar. La vida es más difícil, no hay muchas oportunidades, pero las cosas son más simples. Las fiestas de fin de año tienen una atmósfera especial, un aire de felicidad, de familia, de unidad, y se olvidan los problemas del resto del año. 

La gente es completamente diferente a la del interior. Por un lado, el calor hace que las vestimentas sean ligeras, y entre las mujeres es una lucha entre lucir demasiado atrevidas o aguantarse el calor, lo cuál se refleja en una constante examinar de los hombres. La música juega un papel fundamental en continuar con una cultura de calentura, de tradición, de trópico. El vallenato y la champeta suena en cada esquina, y la gente ha desarrollado un nivel de audición que les permite escuchar la voz de otra persona en medio del ruido, aunque puede fallar en ausencia de sonido. La familia es sagrada, los vecinos son familia, la hospitalidad una tradición. El fútbol se juega a pies descalzos, y dos piedras son un arco para un balón viejo y desinflado con el que han jugado varias generaciones en las calles. La ausencia de trabajo y la facilidad del acceso han hecho que las motocicletas se tomen las calles (como en muchas otras ciudades), y no es extraño ver familias completas de 4 personas en una sola moto, o una señora de avanzada edad con un bastón y sentada de lado en la parrilla. Las casas recuerdan a una Habana multicolor, las mismas construcciones de un piso con patio y alberca. Los morrocoy, gallinas y perros crecen sin demasiado cuidado en las casas, las calles se llenan de hojas secas de Mango, Almendro y Mamoncillo mientras el olor a fruta se extiende por todas las esquinas.

Las sonrisas en medio de la pobreza hacen preguntarse repetidamente sobre las cosas necesarias para alcanzar la felicidad. Para final de año, para muchos samarios parece bastante evidente que sólo se necesita un colchón, y un par de parlantes de 2 metros de altura para alcanzar la felicidad. Es la ciudad del rebusque, y el turismo trae consigo un abanico de oportunidades nuevas. El cachaco huele desde lejos, además de que siempre pronuncia la "s" (en Cartagena es la "r"), utiliza gafas de sol y tiene la cara roja.

Las playas son las más hermosas del país. En los puentes festivos, caravanas completas de barranquilleros inundan las playas del Rodadero para disfrutar del mar tranquilo y la arena clara. Taganga siempre aparece como un pequeño paraíso escondido, lejos de la ciudad, lejos de todo, que a pesar de volverse comercial en los último tiempos, sigue manteniendo el misticismo de un paraíso secreto. 



Tuve tiempo para relajarme, descansar, dejar que el tiempo pasara sin preocuparme por exprimirle cada segundo a un minuto, pude dejar de pensar tanto, de razonar demasiado. Logré sentir por un instante la tranquilidad que no se experimenta en la ciudad, y simplemente sentarme y sentir la brisa del ventilador. El exceso de familia me hizo reunirme con mis raíces, recordar el cariño de una bandada completa de primos pequeños, recordar el paso del tiempo con mis parientes, escuchar a cuatro comadres hablar de los días de antaño. El abanico de melodías y ritmos que escuché, me hizo sentirme humilde y respetuoso por todas las músicas, y me di cuenta que para muchas personas los ritmos tropicales significan tanto como el jazz, rock, blues y funk representan para mí, y que por eso mismo no puedo desprestigiar ninguna expresión musical, sino que debo apropiarme de ellas, como buen melómano, mientras reconocí que lo verdaderamente colombiano está en lo popular. El atardecer y la luna me llenaron de tranquilidad, la brisa y el mar, de serenidad. 

sábado, 20 de septiembre de 2008

La Carta

Llegó el martes de la semana pasada. Estaba dando mi clase de informática para adultos de la práctica social en una tarde gris del invierno bogotano cuando me sonó el teléfono. Mi madre sabe bien que estoy en clase, pero llamó de todas formas, y  no pude evitar pensar que había sucedido cualquier cosa horrible. Estaba conmocionada, extrañada, llena de curiosidad, "¡te llegó un correo desde España!". Me desconecté por un instante de la realidad y pensé en Sole mientras me invadía una cálida sensación que sólo se siente cuando llegan buenas noticias de un verdadero amigo del que no se sabe nada desde hacía un tiempo. La sonrisa que me dominó por el resto de la tarde solo se compara con el rostro de ausente que tuve que tener cuando pude leerla. Esa tarde no fui al café de siempre, y llegué rápidamente a casa. Le explique a mi mamá y a mi hermana la procedencia de la carta, "es de una amiga en España, se casa en estos días, le dije que me enviara la invitación".  Estaba en un sobre sencillo, marcado con simpleza, y con un sello de Paterna, España. Me escribió de su vida, de sus planes, y me invitó a unírmele en la aventura. Por alguna razón, la caligrafía era como ella, directa y libre, al igual que la foto, los 10 pesos de Chile y los centavos de Euro que añadió. 
Hoy estoy en la biblioteca de siempre, pero no me quieren vender las hojas de papel que necesito para responderle x_x. Desde que me imaginé la forma en la que ella estaba en un escritorio escribiendo con sus propias manos las palabras que leí, el carelibro y el correo electrónico me pareció demasiado impersonal para comunicarme, al menos con ella, y aunque durante todo este tiempo había pensado en las palabras que debía escribirle, tenía muy claro que era mejor tener el papel y dejar que las palabras volaran solas, sin premeditación. 
Ahora me doy cuenta que soy muy perezoso, y mis manos se acostumbraron a las teclas en lugar de la madera y el grafito, pero debe ser suficiente motivación el pensar que mi carta recorrerá un océano completo al igual que la carta de ella. Probablemente le añadiré un sobre del café colombiano, una moneda, y mi amistad. 

domingo, 24 de agosto de 2008

La Noche de las Cervezas

"No piense... ¡Hágale!"- dijo él. Yo sólo pude hacer una mueca. Si él supiera la cantidad de cosas que suelen pasarme por la cabeza, tal vez no lo hubiera dicho con tanta ligereza, aunque no es el primero que me reprocha la pensadera. De todas formas el alcohol me tenía con la mente lejana, mis perdidos ojos no podían enfocar bien la cara de nadie, y los rasgos de las personas de esa noche se me escapan, incluida la de ella.

Este fin de semana había sido planeado desde hacía casi quince días. Pero por supuesto, como toda noche demasiado anticipada, todo se dañó a última hora y la velada fue improvisada. Dos amigos cercanos y yo teníamos una extraña y retorcida especie de cita triple con unas amigas de una mujer que se proponía a seducir con todas sus fuerzas a uno de ellos. Al final de la tarde, él se asustó frente a la posibilidad de estar en un cuarto a solas con ella, se inventó una excusa y se terminaron las posibilidades de socialización premeditada con el otro género para todos. Para mí, que veía aquella situación como un final más que predecible para la situación, no significó una pérdida especial, pero para mi otro compañero, que carga con una larga espera en materia de mujeres, significó el drama que sólo la pérdida de dos semanas de ilusiones acumuladas significa.
Desde hace ya mucho tiempo solíamos pasar nuestros viernes en el mismo lugar de siempre: Red Soul. Un bar de rock poco vistoso, pero que nos acogía como nuestro tercer hogar (después de la facultad y la casa), y nos consentía con la música que nos gusta. Al final del semestre pasado, nuestro corazón dio un vuelco cuando al intentar ingresar la policía nos retuvo mientras clausuraban el lugar para siempre. Desde entonces no habíamos logrado encontrar un lugar que se nos presentara con el mismo ambiente que aquel lugar. Con los planes olvidados, decidimos pasar toda esa noche buscando nuestro nuevo escondite. Empezamos en la segunda opción, un lugar horrible y con nombre de música tropical, donde la música no tiene ninguna continuidad en el género, y a pesar de ser rock, palidece en sonido y ambiente. Enseguida fuimos al mejor lugar cercano: Bbar. Allí los dueños nos conocen, saben que tenemos buen gusto y me dejan sentarme como me da la gana, porque nunca he aprendido a sentarme decentemente en ningún lugar. Además hay una especia de mesanine, un cuarto más cerrado e íntimo con cojines y sofás que permiten una charla más personal. El problema es que después de las siete los precios suben, y a esa hora salimos de allá, buscando un lugar más barato. La zona ofrece muchas opciones para el amante del vallenato y la música tropical, pero las elecciones para los amantes del rock suelen ser bastante mal montadas. Entramos a un bar de metal, un cuchitril pequeño y oloroso aunque acogedor, pero mi camiseta beige clara, mi bufanda café y blanca, mis jeans azules y mi chaqueta café con rojo levantaron las miradas de una docena de tipos vestidos de negro de la cabeza a los pies, lo que me hizo temer por mi integridad física. El siguiente lugar promete ser mi próximo tercer hogar: Kirlibang Café (no sé si está bien escrito). Es un segundo piso amplio, con buena música, un sonido aceptable, una pequeña tarima, mesas, y una zona con una mesa de pool y almohadas alrededor. Nos concedieron una canción, y pedimos nuestro himno: Creep de Radiohead. Escuché Stone Temple Pilots, Nine Inch Nails y Calamaro entre otras buenas elecciones. Para este punto la cantidad de cerveza ingerida ya era bastante considerable, y mis funciones motoras empezaban a brillar por su ausencia. Cantaba todo, como siempre. Una de las razones por las que estos dos sujetos son mis grandes amigos es que también tienen la locura y la falta de pena para cantar con el corazón en la mano todas las canciones que nos ponen, así que en poco tiempo siempre terminamos por ser la mesa más animada de cualquier lugar a donde entremos. Para cuando salimos de allá, mi mente estaba dispersa, mis pasos erráticos y mi bolsillo vacío.
Sin embargo, estuve lo suficientemente lúcido como para convencerlos de entrar a uno de mis lugares favoritos. Natural Flow es tal vez el único lugar por la zona donde me siento cómodo para bailar y dejar libre mi afición por el funk. Solía ser este pequeño oasis de buena música, donde se podía socializar y agitar el cuerpo, pero en los últimos tiempos se ha regado la voz de la presencia de las siempre hermosas mujeres amantes de la música electrónica, con lo que ahora hay una saturación de hombres buscando acción los fines de semana. No puedo separarme de ese conjunto de hombres solos, pero lo que me mueve a entrar a aquel es un verdadero gusto al baile, por la música, por sentir los bajos entrando en mis huesos y por mover mi cuerpo sin cadenas. Probablemente bailaría solo si no fuera algo extraño para un hombre, sobre todo si va con amigos. Nos sentamos los tres en una mesa en una esquina oscura del lado menos lleno del lugar. Debo decir que mis amigos son bastante faltos de motricidad, y cuando intentaban imitar mi forma de contornearme en la silla se notaba que era un movimiento forzado, sin coordinación con la música. Del otro lado, sin modestia, puedo decir que mi cuerpo se mueve bien con esta música. Tengo el descaro de reírme al ver a otros hombres intentar seguir los ritmos, pero me he convencido de que tengo el talento para bailar, y tal vez sea porque soy mitad costeño, aunque esta música es poco asociada con esa región.
Ella estaba en la mesa del lado. Eran tres allí: aparentemente una pareja y ella. Estaba fumando un cigarrillo y moviéndose en la silla con atino. Mis amigos notaron que mi necesidad para bailar era importante, y me dieron el visto bueno de dejarlos abandonados, como muchos otros hombres que no habían encontrado la forma de abordar a nadie en el lugar. Cuando ella y sus acompañantes se levantaron para bailar un reggae, me levanté sin pena, tal vez ayudado por el coraje que da el alcohol y le dije que bailáramos. 
Hacía mucho tiempo no sentía tanta química en el baile con alguien. Ella decía que era difícil seguirme el paso. En un momento sentía que bailaba mucho más que cualquier otra chica con la que hubiera bailado, al decírselo ella me contestó que estaba imitándome, siguiéndome el paso, lo cual me subió el ego exponencialmente. Probablemente la abusiva cantidad de cerveza en mi sistema hizo que me lanzara decididamente a explorar nuestros límites. Después de bailar un rato, nos sentamos aparte y hablamos un rato. Mi habilidad con las palabras mostró frutos rápidamente, y la simple química del baile evolucionó en un palpitante interés. Volví a la mesa con mis amigos donde recibí las felicitaciones por el manejo de la situación. Me pedían además que intentara besarla, que "le tomara las placas", que "cerrara el negocio". Por lo demás, estaban ellos más que aburridos, como muchos más hombres en el bar, para quienes el baile no funciona bien, y tampoco la socialización rápida.
Yo disfrutaba la música, bailaba solo en mi silla. Me tomaba la cerveza con los ojos cerrados mientras movía mi cuerpo con el ritmo de la música, cuando de repente una mano tomó la mía y me arrastraba. Ella, sin intimidarse por mis amigos que no hacían más que mirarnos bailar me buscó y me sacó de mi momento musical y me llevó a un espacio libre. Recuerdo que era Gettin' Jiggy wit It de Will Smith, y le mostramos al la gente la forma en la que se baila. En este punto, la cerveza apagó mi calculadora cabeza, y disfruté el momento. Ella puso su brazos sobre mi hombro, y sintió mi altura, bajó sus manos a mis caderas y sintió el contorneo de mi cuerpo. Yo hice lo mismo, y la acerqué a mí, sentí su cuerpo cerca, sentí su delgada cintura siguiendo la música. Supongo que se sorprendió de que un hombre pudiera moverse así, al sentir mi constante movimiento me apretó un poco, y se acercó un poco más. Su rostro se perdió de repente, le pregunté si le pasaba algo, pero me dijo que nada. Me tomó de las manos y me llevó a un lugar más alejado de nuestras mesas. Giró su cuerpo, me dio la espalda y movió la cadera. Su cadera rozaba mi pelvis, y  estábamos cada vez más cerca. Tomé sus manos y la abracé desde atrás. Bajo mis manos grandes las suyas eran minúsculas y delicadas. Ella sintió toda la extensión de mi cuerpo rodeándola por la espalda. La abracé con más fuerza, la acerqué hacia mí, sentí sus pequeños senos sobre la blusa, me incliné y acerqué mi rostro a su oído. Su rostro volvió a perderse. Giró, bailamos de frente, abrazados muy de cerca, me incliné para llegar a sus labios, nuestras mejillas se tocaban, su piel era suave, su cuerpo estaba completamente pegado al mío... su amiga apareció al lado nuestro. Me soltó rápidamente, sus ojos volvieron a enfocarme con seriedad, me presentó a su amiga, y ella me miró con un desprecio criminal. Sus ojos me quemaron, eran inquisidores, penetrantes, yo era un abusador después de todo. Nos detuvimos, volvimos a nuestras mesas, y el efecto de la cerveza se detuvo.
"No piense... ¡Hágale!" - dijo él. Pero era demasiado tarde, mi cabeza volvió a ser la misma de siempre, el efecto anestesiador de la cerveza desapareció, y empecé a pensar la situación que acababa de suceder. Pensé que ella simplemente buscaba una aventura para el último fin de semana de sus vacaciones, y que cualquiera que la hubiera invitado a salir tendría el mismo resultado. También tenía la hipótesis de que era una verdadera atracción física, que sus feromonas y las mías eran del mismo olor, o que simplemente el alcohol había terminado en un efecto embellecedor que nos hizo reaccionar sin pensar demasiado.
Volvimos a bailar una vez más. Esta vez mantuve mi distancia, analizaba la situación. Ella parecía decidida, en un arranque imprevisto, me preguntó que si tenía calor, y sin esperar mi respuesta, me quitó la chaqueta. Un grupo a nuestra izquierda hizo un gesto de incrédulos, una mueca de puritanos. Mis amigos estaban en la esquina, no habían dejado de seguir nuestros pasos, me quité la chaqueta y se la tiré a uno de mis compañeros. Seguimos bailando, ella tomó la iniciativa esta vez. Me abrazó y sintió mi espalda mejor definida a través de la camiseta. Después de un baile donde nuestras piernas se cruzaron, y mi muslo derecho quedó atrapado entre sus piernas volvimos a descansar en nuestras mesas. Mis amigos estaban impresionados: ya les había contado de mi habilidad para bailar, pero no me habían visto en este tipo de situación. Habían terminado la cerveza hacía mucho tiempo, estaban siendo torturados con mi aparente éxito de una manera cruel. Termine mi cerveza pensando en lo que habíamos hablado. No había nada en ella que me llamara la atención, además de una fuerte atracción física. El descanso se prolongó, mis amigos se veían en un limbo de amargura, no podía mantenerlos allí.
Decidí terminar la noche. Aquellos días donde el éxito de salir era conseguir rumbearme con alguien quedaron atrás. Quedamos en volver a vernos, aunque probablemente no suceda, la verdad no quiero que suceda, quiero creer que el alcohol fue el mayor catalizador de la situación.
Volvimos a Bbar. El letargo de haber tomado, caminado, tomado, caminado, tomado más, bailado y tomado me pegó de repente. Eran las dos de la mañana. Nos sentamos en el espacio de los sofás y las almohadas. A nuestro lado habían dos mujeres unos años mayores a nosotros. Me dejé caer sobre el sillón y con una cerveza fuí cayendo en el sueño. Me sentí maduro, adulto, tal vez demasiado. Sentí mi libertad, sentí mi poder, cerré los ojos y dejé que la música se apoderara de mi alma. Canté One Way Or Another de Blondie, lo grité, nos veían como bichos raros. Estaba borracho, poco importaba lo que los demás dijeran. Me cumplieron la petición y colocaron Where Is My Mind de Pixies, tal vez la mejor canción para describir mi embriaguez, la canté con todo el aire de mis pulmones, y me dormí. Pasó algo curioso que no voy a escribir porque es difícil de creer. Nos sacaron a las 3.30 am, pasé la noche en la casa de uno de mis amigos. Desperté con ganas de ir a ciclovía y sin guayabo. Era sábado, desistí rápidamente de la ciclovía. Había llovido toda la noche, el aire era húmedo y frío, pero el sol era tan fuerte como podía estar a las nueve de la mañana. 


Fue interesante observar lo que sería de mí si no le diera tantas vueltas a las cosas. Dejarme llevar por el momento pudo haber cambiado el rumbo de la noche. Sin embargo, aún con demasiado alcohol, me fue imposible apagar la mente por demasiado tiempo. No me lamento de mis decisiones, y por ahora no busco simple diversión sino verdadera compañía. Bailar es algo que disfruto, y nunca lo he visto como la herramienta de seducción que puede ser. La verdad disfruto más estar en un bar con buena música y cantar como loco, allí también bailo, y todas las preocupaciones de la semana pierden sentido. Soy como soy, y así como soy no necesito una mujer para una noche, necesito a alguien con quien pueda conversar, con quien poder compartir. Después de releer la historia, recuerdo bien que odio conocer mujeres en los bares. Ya había decidido hacía mucho tiempo que no valía la pena, pero quiero creer que el alcohol y la sangre latina en mis venas me hicieron volver a perder el tiempo y de paso atormentar a mis amigos. Ahora la cosa se complica: mi próximo romance debe saber llevarme el paso y también debe poder escuchar buena música. La noche de la cervezas trae un problema más: la silueta se hace cada vez más exigente.


sábado, 9 de agosto de 2008

Asia

La primera vez que la vi, sólo sentía muchísima curiosidad por sus rasgos asiáticos. Una reacción normal supongo, por la aparición de un rostro con facciones diferentes. Se notaba que no era completamente asiática, y en su forma de mirar se notaba la timidez, tal vez producto de estar siempre como objeto de las miradas de los transeúntes. De eso hace ya tal vez 2 años, la verdad no lo puedo decir con certeza, y me sorprende últimamente darme cuenta de que todas las cosas que recuerdo son de hace demasiado tiempo. Era una de esas semanas de la cultura japonesa, y ella, teniendo sangre de China, acudió a una de las películas que proyectaban por las fechas. 
Esa vez no reparé demasiado en ella. Debido a mis estudios de japonés he creado una extraña pero real suspicacia contra los chinos, y no fue diferente con ella. Simplemente me percaté de su existencia, y de ciertas mística que rodeaba a las personas que trataban con ella, como si fuera un animalito en vía de extinción. 

Después me di cuenta hace unos meses de que estaba tomando las mismas clases de japonés que yo solía tomar. Así que ese tonto obstáculo que me había creado se había roto. Tiene unos ojos muy expresivos. No son los ojos rasgados y cerrados de los japoneses, los de ella son perfectamente redondos y sus párpados se pueden abrir por completo, y le permiten una expresividad particular y difícil de describir, que armonizan a la perfección con un rostro ovalado y de pómulos suaves. En ese aspecto me llamó la atención, porque a pesar de ser igual de superficial que un hombre corriente, unos ojos hermosos me pueden tocar más rápidamente que un buen cuerpo. En los días en que vivimos, basta con tener el cabello arreglado y unos ojos llamativos para conseguir la atención, al menos la mía. Su forma de vestir me confirma su timidez. Chaquetas largas, siempre chaquetas largas, por debajo de la cintura, le cubren todo su cuerpo, y no se puede saberse con certeza que tipo de silueta tiene, aunque no parece que sea una que deba ser ocultada. No es demasiado alta, pero está en el promedio colombiano, y supongo que es mi culpa por ser alto que ese aspecto nunca lo dejo pasar. Hay un par de cosas que si me llaman demasiado la atención. Por un lado, por cosas de la genética y la raza, tiene la piel perfecta. Lisa, blanca, perfectamente tensa y suave a la vista. No tiene ninguna marca especial, y al mantener su rostro sin maquillaje, exhala una sensación de tranquilidad con la armonía de sus facciones. El otro elemento, sus labios. Son labios para besar. Lo noté desde la primera vez, cuando ni siquiera consideraba darle un saludo, notaba que tenía unos labios perfectos. Delgados pero carnudos, llenos, un rojo perfecto, un labio interior suficientemente prominente, labios para besar, para ser besados, que me gustarían besar.

Sus miradas llegaron después. Me recordaban otras mujeres que me miraban con intenciones y deseos escondidos, pero con su personalidad pasiva y los ojos expresivos, le correspondía la mirada y ella la desviaba. Son esos cruces casuales por lugares públicos los que hacían crecer en mí cierta curiosidad. En una ocasión, mientras bajaba por unas escaleras largas y anchísimas rodeadas por vegetación densa que comunica la parte más alta de los edificios sobre la montaña con la planta principal me encontré con ella subiendo. En ese momento nunca nos habíamos dirigido la palabra, y cruzamos las miradas. Esos ojos brillantes y grandes me miraron, y yo la mire con firmeza sin detener mi marcha. Ella tomó aire y abrió sus labios para decir algo, pero mantuvo el aire y se tomó sus palabras. Eso fue todo hasta hoy.

Desde hace ya mucho tiempo que me devoré todo lo que la universidad tiene para ofrecerme en idioma japonés. No es que tenga una obsesión especial con esto, sino que simplemente se me dio así: una vez tomé francés, me asustaron las 14 formas de pronunciar vocales y decidí matricular japonés por ninguna razón en especial. Una vez en clase me gustó, y me volví además amigo del sensei, razón por la que desde los primeros semestres decidí sacrificar mis sábados para pasar una mañana agradable con gente tranquila. Las veces que no tuve clase los sábados, ese día simplemente quedaba perdido, así que me acostumbré, y lo tomaba como una simple visita al padrino o a los tíos, el sensei es verdaderamente un personaje cálido que recibe a todos como familia. Después de tomar todos los cursos disponibles, sensei simplemente continuó dictándonos clase, sin que con ello le paguen un peso, simplemente por mantener el grupo de estudio. Hemos sido sin embargo, los desplazados de la universidad con todos los cambios de idiomas, y mantener este tiempo de práctica se ha venido dificultado. Soy probablemente uno de las 3 personas que más conocen el idioma en la universidad, y por esa misma razón, esta vez decidimos colaborar con el sensei para nivelar a unos alumnos de niveles inferiores. Hoy, ella estaba ahí, entre los estudiantes a los que ayudaría. Fue muy sutil, pero logré descubrir sus pequeñas miradas hacia mi lugar. Al acabar la clase, todos salieron a excepción del sensei, un compañero, ella y yo. Tengo que encargarme de un par de cosas esta vez, así que tenía asuntos que tratar con sensei, pero ella también esperó, aunque desconocía la razón. Hice una llamada por mi celular, y mientras lo hice, la miré directamente a los ojos. Ella estaba a un poco menos de un metro de mí, en una silla del frente, pero mientras hablaba con alguien al teléfono, nos observamos sin dudarlo demasiado. Parpadeó como en cámara lenta, y seguí sus ojos, y ella los míos. Emprendimos el camino y empezamos a hablar. Conocí su voz, que era dulce pero segura, en contraste de sus apariencias tímidas. Cuando le pregunté qué creía que estudiaba.. "seguramente algo con humanidades".. cuando me dicen eso me estremezco por dentro. Quisiera decir que estudio lo que estudio porque quiero comprar mi libertad y lograr dedicarme a lo que verdaderamente llena mi mente de éxtasis. Pero no, hice de tripas corazón y seguimos hablando. No puedo recordar su apellido porque era difícil de pronunciar y no tengo la más remota idea de la forma en que se escriba, pero su corto y latino nombre se me estampó fácil en la memoria. La conversación sólo continuó en el trayecto que va desde el aula de clase hasta la biblioteca, donde ingresé para seguir leyendo Tokio Blues (o Norweign Wood) de Murakami Haruki, paradójicamente japonés, aunque fue simple casualidad; mi último libro fue de Fedor Dostoievski, este simplemente seguía en la lista. Hablamos de pocas cosas, y simplemente reconocí en ella un amor real por la crónica escrita, una sensación zozobra por el futuro profesional, y el hecho de que tomó la cátedra de Cortázar, con lo cual no pude sino acrecentar mi curiosidad. No quedamos en nada especial, supongo que nos volveremos a ver la próxima semana, pero si me cruzo con ella seguramente la invitaré a un café. Por ahora tengo un verdadero interés en conocerla mejor, con el tiempo, tal vez, Asia.

lunes, 23 de junio de 2008

Observación

Nadie mira a nadie. Ya lo había dicho, pero esta vez lo observé en un bus de Transmilenio completamente lleno de personas. Hay un par de miradas, pero son miradas con deseos de sexo, aunque esas miradas también son poco apasionadas, y no generan nada. La gente no sabe mantener la mirada. Cuando descubro a alguien mirándome, miro a la persona a los ojos, y los desvía con rapidez. En algún párrafo recuerdo haber leído que la persona que podía mantener la mirada tenía el poder de determinar a los demás y tal vez es la razón por la que me obsesioné con el tema. Cuando una persona baja la mirada su ego queda a un nivel inferior que la de la persona que la mantuvo. Sólo con esa acción la conciencia queda a un nivel superior que los demás. Es difícil que me derroten en ese juego, y la mirada la puedo mantener por tiempos que se hacen eternos hasta que mi oponente cae con dolor, aunque claro, también he perdido.
Hoy estuve un trayecto larguísimo en el sistema, y me dio tiempo para pensar en las personas que se encontraban a mi alrededor. Debo decir que era el único que cambiaba el rumbo de su mirada. Creo que acierto al decir que la mayoría de las personas entran en un estado de coma con ojos abiertos al acomodarse de algún modo en el vagón. Es difícil creer que algo pase por sus mentes. Siempre me he preguntado si también se llenan de tribulaciones, de dilemas, de ideas, de locuras como lo hago yo, pero la verdad es que el común denominador es un rostro muerto y carente de señales de sinapsis nerviosa. A veces los envidio, como envidio a todos aquellos que aseguran que pueden poner su mente en blanco a través de meditaciones y mantras, porque siempre he creído que pensar demasiado es mi maldición. De nuevo, aparece aquí también el juego de las miradas, pero esta a un nivel completamente inferior al nivel de las personas buscando contacto en un bar. El silencio reina, las personas que vienen juntas hablan, pero el estado semivegetativo que se induce hace que sea lo mismo hablar frente a una pared. Supongo que con este criterio es fácil reconocer a un ladrón, y me doy cuenta de lo sencillo que debe ser robar en un estado tan carente de reacción. Hay un interruptor, tal vez visual, que devuelve a las personas a la vida faltando unos metros para llegar al destino. Me mira una chica, y esconde su mirada al descubrirla, juega con su cabello y es demasiado evidente. Un par de amigos le arrojan miradas a una chica de mi edad que al notarlo hace cara de pocos amigos. La proximidad de los olores me produce náuseas, pero es llevadero después de un tiempo en extrema cercanía corporal. Una mujer 10 años mayor que yo me mira, y agacha su mirada cuando la descubro. La gente mira hacia el pavimento, sin observar nada en particular. Se desvía la mirada al leer alguna valla publicitaria, y regresan al mismo punto fijo. Yo observo el cielo, la calle 23 (la calle de mi Mambo querido), miro un perro atravesando la calle, miro a los demás y me doy cuenta de que no tengo una cámara para la toma perfecta. Miro mis zapatos, y miro los zapatos de los demás. Trato de descifrar a la mujer de los converse de colores, es del tipo que me interesa, pero es de demasiado mal gusto aproximarse a a un desconocido en la calle, o al menos no es mi estilo. El atardecer en la sabana fue hermoso: las montañas donde se ocultó el sol estaban completamente nubladas de nubes anchas y regordetas, y el resto de la ciudad estaba con un cielo despejado sin nubes. El color de todo el cielo despejado dependió de lo que quisieron dejar pasar las nubes sobre las montañas, lo que resultó en un espectacular desvanecimiento de los colores rojos y morados hasta transformarse en la noche capitalina. Salud por la Luna llena de anoche.

Null

Empiezo sin título como pocas veces, porque no tengo la más remota idea de como llamar a este nuevo capítulo. Quiero creer que todo ha sido un problema del sedentarismo que trae la falta de rutina de la cual me quejo tanto, pero por otro lado está la obsesión que siempre reprimo de tener a alguien cerca.
Siempre he creído que soy de aquellos que pueden descifrar a una persona rápidamente. No sé si sea una actitud petulante, pero tampoco es algo que diga en voz alta, así que nadie puede juzgarme. Simplemente observo una persona y puedo predecir ciertas conductas y la forma correcta de abordarla. Esto es cierto, en especial cuando me dirijo a un desconocido. Mis amigos suelen decirme que tengo "el don de la palabra¨, y aunque la palabra "retórica" siempre me pareció algo pretenciosa, creo que es acertado decir que puedo acercarme adecuadamente a las personas y transmitir bien lo que sea que quiera transmitir, e incluso llegar al punto de manipular (sin abordar los dilemas morales de la palabra) con mi forma de expresarme.
En estos momentos, cuando me preguntan sobre lo que hago, contesto de la forma divertida de siempre: "Hmm.. veo fútbol.. hmm... compro la leche.. hmm... saco la basura... hmm... a veces cuando compro la leche le doy una vuelta al parque...", y la verdad es que simplemente pierdo neuronas y tiempo acostado todo el día en mi cama (aunque escuchar música no es perder el tiempo). Leo cosas, es cierto, pero son cosas que leo yo y nadie más lee, porque en el entorno en el que vivo nadie lee, así que para ellos es mejor no decirlo, y son simples experiencias que me llenan, aunque para ellos simplemente no hago nada. Entonces llegó ella, quién es, para no extenderme, todo lo que NO busco en una mujer. Hace mucho tiempo que decidí que soy demasiado maduro para mi edad, y que de mujeres de mi edad no debo esperar más que los pensamientos insulsos de una pequeña, y las tonterías que anestesian el razonamiento de las personas gracias al conocimiento colectivo y vacío que se inyecta en los medios de comunicación. Sin embargo, soy sociable, solitario pero sociable, y hablé con ella, tal vez porque no había nadie más con quien hablar.
Fue rápido, demasiado rápido: con su mente superficial, sentido del humor predecible, falta de iniciativa, y repetición en el habla, logré que se interesara en mí sin condiciones. No creo que sea una mujer fácil, porque no es parte de ningún estereotipo, y quiero creer que fue mi presión en los momentos adecuados lo que hizo que mostrara tan poca resistencia a mi trato.
Con ella no hablo de nada, absolutamente nada. Es, tal vez, una de las personas con las que he tenido las conversaciones más vacías y largas de mi historia, y su gusto por la música que más odio me hace sentir sucio, pero la falta de razones para detener cualquier posible razón para salir de mi casa hizo que me mantuviera atento. Pasan mil cosas por mi cabeza al caminar con ella, la falta de criterio me aterra, y empiezo a preguntarme que cosas en nuestras vidas hicieron que ella sea así y yo sea un monstruo que no puede callar su mente con posibilidades, observaciones y elecciones. Ella es un homenaje a la falta de curiosidad, a la falta de abstracción, a la falta de búsqueda de sentido, y pertenece a esa parte de mi país que vive gracias a la radio comercial y la farándula.
A pesar de todo esto, seguí tratando con ella. A pesar de todo, me hizo recordar lo necesarias que son las mujeres en la vida de un hombre. Ya la Sole me regañó como era debido, enhorabuena... "Se está enamorando de tí, no la culpo"... "tienes que terminarlo antes de que le hagas daño". Son las mismas cosas que dice mi conciencia pero no me he detenido. Sin escrúpulos encontré la aventura de verano que buscaba, y sin escrúpulos quiero alargarlo hasta que regrese a estudiar.
El romanticismo no me llevó a ningún lado. Tanto esperar a esa persona que tenga el carácter, la iniciativa, y la profundidad de pensamiento que busco me ha llevado a creer que no existe. Me he cruzado demasiadas veces con mujeres parecidas a ella, que no tienen la más remota idea de lo que es el arte, o el verdadero sentido de escuchar música, y sólo piensan en lo que sucede en sus narices. En fin, soy hábil para conocer gente así, y son la mayoría, por lo que esta vez, con la excusa de poder tener una razón para salir de casa, decidí seguir con el experimento, aunque me da una vergüenza existencial que puede que nunca desaparezca. Espero salir cuerdo de esta.

La Sole

Anoche Sole me llamó. Fue una sensación extraña sentir su voz en el celular, es un objeto demasiado cotidiano para la esfera en la que tengo a Sole. Una llamada a dos océanos de distancia y sin demora, amo la tecnología para estas cosas. Nunca he escrito de la Sole, supongo que siempre la tuve ahí para que me pegara el regaño, y desde que se fue a España la diferencia de horarios a hecho que la extrañe demasiado. Apareció en el momento justo, cuando me sentía orgulloso de la forma como componía canciones y exploraba encantado mi inspiración, en una época en la que me podía dar el lujo de tener tiempo para mí. No creo en el destino, ni en determinismos, pero creo que es justo decir que el universo se contrajo para que nos encontráramos. De nuevo, la tecnología jugó su papel, y ella estaba armando con alambres algo para su carrera de arquitectura. La música nos unió, luego las letras y Cortázar nos hizo mejores amigos, ella en Concepción, Chile, y yo acá bajo la lluvia bogotana. Fue refrescante encontrarse con alguien como ella, alguien con suficiente determinación y carácter como para mandar todo al demonio y dedicarse a la música; con convicciones firmes, y sin titubear como suelo hacerlo. Sin drama, sin paranoia, con un ego imposible de doblegar y una fuerza de carácter sin comparación (y tal vez demasiado Sartre). Hablábamos de blues, hablábamos de filosofía, hablábamos de Rayuela, luego hablábamos de cualquier cosa como si nos conociéramos desde siempre. Por eso mismo no estoy seguro del tiempo que la conozco, podría decir que toda la vida y lo diría con seguridad.
Ahora, en una sociedad donde siempre sentí que era el único cuerdo que se detenía a pensar y a observar, Sole fue un faro para llevar mis dilemas por el buen camino. Se transformó en la conciencia de mi conciencia, y en la única que me conocía lo suficiente como para destruir mis preguntas estúpidas y dramas idiotas. La Sole es la única que me regaña, así que anoche, después de tal vez un mes sin cruzarnos, le conté mis andanzas, porque necesitaba el regaño, porque nadie más es capaz de darme la cachetada que necesito para mantener la integridad del pensamiento. Ella suele decirme que nuestra especie no está en vía de extinción, pero el hecho de que tuvo que viajar hasta España para encontrarse con su hombre no me parece más que una confirmación de la idea. La bohemia, los filósofos, los pensadores y músicos no son producidos en masa. Igual.. fue bueno sentir otra vez su regaño.

lunes, 16 de junio de 2008

Ella - La Bailarina

Apareció una clase de un sábado cualquiera. Desde el segundo semestre (ahora estoy en octavo) me he acostumbrado a la clase de los sábados, aunque también me acostumbré a llegar tarde. Hasta ese momento siempre habíamos sido los mismos, y la clase se desarrollaba sin sobresaltos, entre la misma gente aburrida y yo, donde desarrolle la fama de chico malo y fiestero simplemente por llegar tarde. Ella estaba ahí, al otro lado del salón, al lado de las persianas. No tenía nada particular que hiciera voltear la mirada de los hombres, pero no pude evitar sentir algo que me estremeció, un magnetismo singular, un perfume que sólo yo podía oler. La única vez que cruzamos las miradas ella me correspondió con una sonrisa y fue suficiente para cautivarme.
La clase solía tener un pequeño receso, donde salgo con dos de mis compañeros a tomar unas galletas y una malta, y seguí el pequeño protocolo para no parecer desencajado. Ellos hablaban de video juegos y mundos mágicos de los que no tenía la más remota idea aunque escuchaba y lucía interesado. Cuando regresamos la escena me dejó paralizado: estaba esperando sola leyendo un libro. Si, tal vez suene alto trivial, pero se trataba de una tabla larga que está sobre las paredes del aula, y ella tenía sus piernas recogidas cerca de su pecho, y el libro sobre sus rodillas y una mirada apasionada sobre las páginas. Me distraje, perdí la serenidad que me caracteriza por un instante y el tiempo pasó despacio. Eso sucedió hace tal vez más de un año, pero lo recuerdo demasiado bien, y me sorprende que recuerde también los detalles. Ella llevaba un pantalón café o verde oscuro, y un saco verde de lana, recuerdo también que llevaba unos mocasines oscuros, nada demasiado casual, nada demasiado pretencioso. Terminó la clase, no supe su nombre, debe ser unos dos años mayor que yo.
Toda esa semana elaboré un plan para intentar reconocer en ella la sensibilidad artística que hasta ahora nunca pude encontrar en nadie a mi alrededor. Fue la época en que estaba leyendo Rayuela de Julio Cortázar. El plan funcionó demasiado bien: llegué tarde como siempre a clase y tuve la oportunidad de sentarme a lado de ella. La sonrisa me cautivó cuando la saludé con lo ojos. Tiene una cara dulce, armónica, redonda, con mejillas generosas y unos ojos grandes y  completamente negros. Eran en verdad completamente negros, un negro brillante pero profundo, comparable tal vez con el resplandor de un cristal en medio de la noche pulido. El brillo era peculiar, era sobrenatural, eran unos ojos pintados, unos ojos sin pupila, o al menos perdida en la oscuridad del iris. Mantuve mi cordura, y mientras hacía como si estuviera buscando mis notas, saqué el libro de Cortázar, esperando cualquier reacción. Estoy seguro que se dio cuenta, estoy seguro de que pudo leer el título sin dificultad, estoy seguro de que logré que ella se diera cuenta de que tenía algo de sensibilidad. Hablamos de los temas de la clase, trabajamos un par de copias juntos, nunca escuché su nombre.
Pasaron muchas clases, pero ella aparecía esporádicamente. Las veces que aparecía, me saludaba con una sonrisa. Sólo una vez, este semestre, cuando las clases se pasaron a los viernes en la noche (so long night life), pude hablar con ella. Algún recuerdo vago en mi cabeza registra que me dijo su nombre, pero no lo recuerdo. Simplemente estaba cautivado por esos ojos y esa sonrisa, y no puedo recordar nada. Cuando intenté centrarme y racionalizar realmente la situación es cuando puedo recordar algo del momento, y estoy seguro de que hace alguna doble carrera de cosas completamente distintas. Pero no recuerdo nada de lo que hablamos, nada de lo que hicimos, algún apunte sobre Supermán, alguna frase de un ladrón, cosas que no recuerdo.... estaba perdido en el poder de sus ojos, en el perfume, en el magnetismo de su sonrisa. La última clase fue frontal, fue impresionantemente suspicaz. Estábamos en extremos opuestos del salón con más de diez personas, y no entendíamos nada de lo que hablábamos. Cada vez que decían algo extraño, nos mirábamos a través de la gente y hablábamos con la mirada. Fue especial, fue una conversación completa con los ojos, ella decía "¿Entiendes algo de lo que dicen?" y yo le respondía "no tengo la más remota idea". Nuestros labios no tuvieron que hacer nada, nuestras miradas lo decían todo. Yo decía "estoy perdido y mareado".. ella respondía "no me pidas ayuda a mí". Esas pequeñas frases oculares continuaron por toda la clase. De repente llego ella- la anhelante (otra historia), y mi atención se disipó, y aunque ella no lo notó, sentí una aprehensión de ella hacia ella- la anhelante, y mi mente se preguntó si también ella podía leer mi pensamiento. La clase terminó, y nuestras miradas cesaron. Era la última clase, y con sus visitas esporádicas, tal vez podía ser la última vez que nuestros ojos se encontrarían. Nuestro sensei dijo que tomaríamos clases los sábados en vacaciones, y ella dijo que no podría asistir y dio sus razones. La esperé, quería poder sellar nuestra conversación oralmente, pero salió con velocidad. En el último momento se detuvo y habló con un compañero y yo estaba a su lado, me miró con sus ojos negros y brillantes por última vez. No recuerdo su nombre. "Espero que asistan, es en la Libélula Dorada"... Es bailarina de Ballet.

Mind Readers - Her Story (Finally)

So, I'm trying to get this scholarship for Japan for which I have to take this english test, and, since I've been thinking in making another english post for a while, I guess this is the perfect time.
I've always been able to think in english. I really don't know if that's another weird thing of mine or if it's something usual. But my mind usually goes in SAP mode and drives around. Perhaps its some sort of protection against south american mind readers. I've always had that kind of thoughts where I realize..."she must be able to read mind"... "try to read me know bitch". Now the thing's become even more complex since I've been learning japanese for over three years now (time passes really fast, I've thought a great deal on that lately), and some japanese words come faster in my mind than others. So, if there's anyone that actually has the ability to read minds, mine's gotta be the freakiest one. Actually, this gives space to render about the way thoughts come alive. Some expressions aren't available in some languages. There's not a single way to say "you" in spanish nor japanese. In most places, that kind of particles depend of the knowledge of the situation and the kind of relation between the people in a conversation, and there's definitely some curses that work better for certain moments.

These days had been different in all the senses. Not having to study, is not having a reason for leave home, and not having a reason to watch friends faces. I'm always thinking in writing, and there are so many things to write about, but then I turn on the TV, check facebook or play any video game around. So, this break had become quite banal. For some reason, facebook has become this necessity where I just try to find someone who does not exist, or just try to figure out someone else's life in the groups he's in, or in the photos, or in the way the profile is made. Its kind of pathetic looking at it objectively, and I remain hours and hours making random clicks at random people trying to belong someplace (I guess). So, sometimes, my mind is trying to fight that dullness. I think in my friends, think in my life, think in the time that passes. Sometimes I just feel the loneliness of my soul and cry at the sky for someone. I reaaaally need a girlfriend. Last time, she was really quite the opposite of what I am. This mature mind of mine, has never shown up in front of my university friends, perhaps because I'm scared of being outcasted as I once was, and having such a normal girl with me was part of that shield I was making. "She's tall... I'm tall", that's all I used as a motive for hitting on her. I was just trying to find out if I ever had any ability to seduce. My method worked amazingly fast, and she was on my arms in little time. A couple of months later, when she said "I love you", and I didn't had the guts to call my experiment off, and things drove out of control.  We where together for 8 months, a really long distance if one take in account the fact that I really had no feelings for her. I did this for a couple of reasons that just today South of The Border, West of The Sun, wrote by Murakami Haruki, helped me figure out. I just enjoyed holding her hand, giving a hug, feel her body next to me. It was pretty stupid to watch ourselves talk, because we talked about nothing. There wasn't really anything to talk about with her. Books? She never reads, Music? She's the opposite of me in music taste, Art? She has no idea of it, Politics? None, she's just the kind of girl who centers too much on her studies. She's in this little bubble she insist to maintain, where other things are just unspeakable. So, for me it was quite obvious things where going nowhere, but time passed and I never stopped it. Nevertheless, I'm pretty amazed by the fact that she never realized that I wasn't opening my heart for her. 
The day we broke up, was simpler than I had planned. In a class break, I took her aside, told her we need to talk. She broke in tears when I told her something I can't remember well about she being too square minded (I tried to use my words to make her the reason for the end), tried to keep herself together and returned to the class. Next we went to the place we used to eat. Its a crappy expensive place I always hated. I ordered the same crap I used to eat but she didn't. We sit, she listens, I said its over. She burst in tears and drown herself in her arms. I ate. I ate as peaceful as ever. She was next to me, crying, heartbroken, and I'm eating without rush. I was thinking in the fact that I didn't feel anything. She was crying and I offer her a peace of my meal. She was crying and I'm there, kind of happy. She took a little furry teddy bear I gave her and give it bak to me .. 'is not use now"... I took it. I was thinking as clearly as ever. It was a calculated heartbreak. Since I didn't want to hurt her too deep, I made a little drama, where I told her I once loved her, and I made my eyes wet when I left the place in the middle of a rain.
I got depressed. Not but the fact that It ended, but by the fact that I didn't feel a thing when I broke her heart. Depression because lack of feelings its quite unique, different, full with mind burner complexities that drives you mad. But, I got over it pretty fast, a couple of days perhaps.
Its easier to fix your mind than to fix your heart. She's never got over it. Even now, a year later, we don't speak to each other, not by that experience but by the fact that we had to work together for six months after it, but thats another story.
I guess mind readers must be from overseas to get anything for me.

domingo, 6 de enero de 2008

Zapatos

No puedo evitar concluir cosas de lo que veo y hay algo que quiero escribir que siempre he tenido claro desde hace mucho tiempo en mi cabeza. He llegado a la conclusión, después de mucha observación y exploración empírica, que puedes hacerte una muy buen idea del contexto de una persona cuando miras sus zapatos. Si, dime como son tus zapatos y te diré quien eres.

Aunque suene descabellado y poco serio, es mi pequeña y secreta costumbre observar los zapatos de los desconocidos cuando me siento en la última silla del autobús (porque no me logro acomodar en otro lugar). Después de tanto observar como yo, es evidente lo concluyente que puede resultar el experimento. Sólo los hombres mayores de 40 años utilizan zapatos de cuero con suela de madera. Cuando me encuentro con personas así, es evidente que se trata de un sujeto a quién le han enseñado el valor de los zapatos que hechos a mano por un talabartero tienen. Generalmente llevan pantalón de paño y un saco formal. Peinado corto y el típico semblante de un fuerte trabajador de empresa. Típico padre en sus casi 50 años que no pueden salir a la calle con ropa informal.
Hay que tener un ojo más clínico para juzgar el calzado deportivo. Cuando se trata de marcas importadas hay varios tipos: por un lado los que utilizan Nike air y se la pasan en sudadera y camiseta de algún equipo del extranjero, fanáticos del deporte, o simplemente personajes sin trascendencia y dinero para darse el lujo, o sujetos con zapatos más estilizados y ropa de marca que viven bien gracias al sudor de sus padres. El hombre común y el estudiante universitario poco popular utiliza zapatos de marca nacional. Cierto es que la marca puede decirte el estrato social, y la forma de peinarse confirma las sospechas, pero del cabello hablaré en otra ocasión. No hay que olvidar los tenis blancos de las enfermeras, y las zapatillas de cuero de las ancianas. Entre más brillo tienen los zapatos gracias al betún, más edad tienen los portadores. La pulcridad y la formalidad son características típicas de las generaciones más antiguas, y los zapatos no se escapan a esa situación.

Las mujeres son diferentes. Para combinar con el vestido de trabajo, las secretarias y trabajadoras de oficinas y bancos siempre tienen un uniforme de color que combina con sus zapatos de tacón. Las doctoras suelen llevar en cambio zapatos deportivos cómodos. Gente alternativa llevan diseños distintos, y las mujeres más jóvenes con algún sentido de diseño llevan zapatillas de valet. Yo utilizo Converse tooodo el tiempo, y supongo que es parte de mi identidad: Converse y mochila. También hay estilos especiales para Metaleros, Emos, y Raperos, y son las que hacen parte del estereotipo de cada corriente. Las mujeres que utilizan tenis casi siempre utilizan jeans, un buso y el cabello sin demasiada preparación, y las mujeres que utilizan botas de gamuza suelen saber arrastrar las miradas de los transeuntes. Zapatos de trabajo desvencijados caracterizan al obrero, apaches diáfanos al celador, bota brillante al militar.

Estas conclusiones son inevitables para alguien a quien le gusta explorar el interior de los comportamientos sociales y busca sin descanso una mente similar. Ahora que releo mi comentario me da algo de pena lo trivial y científico que suena todo el asunto, y tal vez la verdad sea que no tengo para donde mirar desde donde me siento en el autobús. Sea como sea debía escribirlo y esperar levantar alguna risa o ademán por descubrir el agua tibia. Comentario sin trascendencia, para variar.

lunes, 22 de octubre de 2007

Ella, La Anhelante

Cuando la veo venir a la distancia siempre intento mirarla directo a los ojos. Sin bajar la vista espero que ella haga el saludo y le respondo con una sonrisa. No tengo ningún interés en particular, pero tengo una intensa curiosidad en su forma de ser, y en su forma de hacer contacto. Hace que la llamen igual a la luz, y se escribe con el sol y la luna. Desde que la conocí me pareció interesante, tal vez exótica, pero no tengo certeza de lo que quiero encontrar. Ella tiene en la mirada el deseo de encontrar a alguien, pero la tortura de saberse dentro de un mundo que es naturalmente aislado se divisa dentro de esos ojos negros bien abiertos y atentos. Es eso mismo que muchas veces siento, pero con ella se nota en el aire, y mi reflejo en su mirar me toca el psicólogo interior.

Quiero hablar con ella y sacarla a mirar el mundo. Mostrarle que la vida no es la que observa en su pantalla, y que se mueve en los círculos que no debe. Es un caso como el mío, un sujeto enredado en sus propios pensamientos, pero en un desierto más infame. Quiero enseñarle el camino para no tener que encerrarse en su cuarto todo el día y sólo salir por un par de clases que no le interesan demasiado. Sacarle un pensamiento profundo sin necesidad de una carcajada para bajarle la seriedad. Por ahora su mirada es la de una mujer anhelante. Si, anhelante. Me recuerda lo que era yo mismo en una época, y ella siempre atenta. Espera que a la vuelta de la esquina se cruce con el hombre que le hable de los mismos intereses que ella, pero con un pie en la realidad que le permite moverse sin reparos en la sociedad.

Sólo nos une las clases de un lenguaje que pocos entienden, y esa mirada que ya no puedo descifrar por completo. Cuando nos encontramos por la calle, siempre está con el mismo tipo con cara de estar enamorado de ella que me mira con desprecio. No pienso quitársela, pero algún día la sacaré de ese mundo. Tal vez sólo necesita un buen tipo con una mente más abierta, y tengo varios amigos que serían buenos candidatos. Una cerveza debe ser algo ajeno a su vida, pero desearía mostrarle la forma trivial con la que aproximo la situación. Ojos de anhelo, ojos atentos, ojos desesperados, ojos examinadores. Una vida diferente, aislada y rodeada de inadaptados. Es falta de adaptación la que sufre, eso de lo que parece me sobra. Ella no sabe que la entiendo, que le mostraría cosas, que no necesita tener un círculo tan cerrado, y que no traiciona sus principios al hablar con alguien fuera del círculo.

Debido a sus intereses, siempre está rodeado de hombres, porque la participación femenina en sus actividades es bastante reducida. Y los hombres suelen enamorarse fácil, y ella parece rodiada de esos hombres enamoradizos. Quiero rescatarla, pero no sé como abordarla, tanto que creo que me equivoqué y le mandé la dirección de este diario, aunque tal vez con eso sea suficiente para que busque mi amistad. Alonso Llosa sabe de un par de cosas, y no sabe muchas más, pero conoce lo que es estar aislado en su mundo sin demasiadas elecciones. El secreto está en abrir la ventana y mirar afuera, mirar las nubes, mirar la luna.

Tan loquero como amigo, espero me encuentres querida anhelante. Espero estés buscando. Espero la pista sea suficiente. Llevo una vida relajada, y espero contagiarte la tontería. Tengo esa manía de querer arreglar los problemas ajenos, y necesitas quien te abra la ventana, porque tus ojos siempre han querido ver afuera. Ojalá encuentres el camino. Ojalá encuentres tu destino.

domingo, 21 de octubre de 2007

The Cure

No pude sino sentir un poco de vergüenza ajena cuando me dí cuenta de que Robert Smith y The Cure estaban en medio de la crema innata del pop latinoamericano en los premios Mtv de este año. Un homenaje en medio de las tristes figuras célebres representantes de lo poco original y el manejo de imagen agresivo de los medios hicieron que no pudiera hacer más que taparme la cara. Hace demasiado tiempo que le perdí el respeto a Mtv y su inhabilidad para reconocer lo verdaderamente auténtico, aunque debo admitir que tiene una seudoconciencia que termina en eventos como Live 8 y similares que son bastante buenos. Sin embargo, la versión latina de la cadena no es más que un reflejo de lo superficial de la sociedad latinoamericana, dónde la moda de todos los países parece ser igual, y los mexicanos acomodados quieren marcar una tendencia en su forma de vestir que no deja de ser otra copia más.

En fin, hay muchas razones por las que no puedo tener una postura a favor de Mtv latinoamérica, y la vergüenza que tenía se transformó en impotencia cuando sentí que al final de la presentación empezaba a sonar la guitarra tropical de Juanes. Muy ideal para las fiestas y las discotecas, pero al lado de Robert Smith, al que Jimi Hendrix le tiene una silla reservada en el cielo de los músicos junto a James Brown, simplemente es un párbulo con indigestión que grita babosadas sin profundidad.
Simplemente era demasiado contraste, y nadie puede negarlo.

Así que la pena me hico darme cuenta de que el único modo de homenajearlo como se merece es escuchar su música. Debo decir que el día que The Cure venga a Bogotá estaré dispuesto a cualquier proeza o humillación necesaria para conseguir un buen lugar, aunque por ahora es algo imposible. De todas formas tengo casi toda la discografía, y puedo decir con certeza que fue una de aquellas bandas que hicieron parte de la banda sonora de mi vida, y tienen un lugar especial en mi corazón, por lo que no puedo sino emocionarme y cantar con el alma en la mano cuando la escucho en cualquier lugar.

Definitivamente mi canción favorita. Love song es de esas cnaciones que no puedes evitar que se te metan adentro. Con un par de cervezas es imposible no insinuar unos ojos mojados al cantar la melancolía... "I will always love you"




Cuando salió Greatest Hits, la tristeza de tal vez saber que sería el final de The Cure invadió a algunos de los que los conocíamos. Nos dejaron esta joya en el álbum. Cut here, y ese pequeño trabalenguas que no puedo decir completo.




Pero claro, esta banda está hecha para hacer música, y se cansaron de no salir de gira, por lo que volvieron con The Cure y una de las más hermosas con la que me han trasnochado. Alt.End.



Aaaah... que delicia... Salud.

sábado, 20 de octubre de 2007

Macho

Y ella de repente, en medio de la conversación dijo algo como: "Perdona que te lo diga. Tal vez me vas a odiar cuando te lo diga: Pero tu eres muy macho para una mujer como ella". No supe como reaccionar, así que sólo atiné a darle un abrazo algo simplón y ocultar mi cara de vergüenza que opacaba la de satisfacción. La Paisa hablaba de mi ex-novia, y de como parecía bastante incompatible mi relación con ella, y con ese comentario sincero se ganó una amistad que de seguro disfrutará.
Y es así. Aún no comprendo como fue que pude mantenerme tanto tiempo en una situación con ella. Es, en el fondo, todo lo opuesto a lo que busco en una mujer: es intensa en el estudio, escucha la música que odio, y obtusa para las cosas más simples que se pueden disfrutar en la vida. En el momento que la conocí, creo que simplemente quería comprobar si todavía era capaz de seducir. Era alta, eso si no se lo niego, y mi propia estatura me obliga a que busque a aquellas que superen el nivel de mi horizonte. Cuando me dí cuenta de que le gustaba (era demasiado evidente), hice el movimiento y terminamos juntos. Creo que fue la falta de una mujer en tanto tiempo, o el hecho de no haber tenido novia en mi tiempo universitario aceleraron mi accionar.
Aunque hay momentos que no se pueden negar que disfruté, dejé de ser el sujeto que solía ser debido a la influencia de su presencia. En todo el tiempo que estuve con ella sólo pude leer un libro. Ella odiaba el hecho de que tuviera una banda, de que los sábados prefiriera ensayar a salir con ella y se ponía roja en cuanto a la vocalista que tenía en esa época y que me sonreía bastante. Ahora espero volver a encontrármela para invitarla a un café, aunque supongo que eso sería imposible en estos momentos, sobre todo porque dejó la banda y se perdió en su estudio.
En fin, ya van casi tal vez más de 6 meses desde que la dejé, y cada día ha sido mejor. Pude volver a abrir los ojos y salir solo a caminar de nuevo al Parque Nacional. La composición me ha vuelto de repente, la inspiración me brota por los poros con suficiente cafeína y vuelvo a mi secreta vida de bohemia. Ahora ella me odia y me ama a la vez, hay un sólo paso como dicen por ahí, pero en el caso de ella es bastante evidente. No puedo evitar tratarla mal como respuesta a su agresiva actitud frente a mi forma de ser. Es una especie de enemigo con la que tengo que lidiar todos los domingos cuando debemos trabajar en tareas para la universidad. Se transformó en una carga, y tiene nombre secreto cuando lo comento con mis amigos de la carrera.

Sin embargo, me quedé pensando en lo de "macho". Es una expresión muy rara, y no es la primera vez que me la dicen. Le pregunté de nuevo, y lo que la Paisa me respondió me dio a entender es que parezco de otro nivel, de otro mundo, de pensamiento más profundo que el de una mujer sin más ambiciones que una buena calificación. Tal vez exagero, pero se me combina con mis sospechas de que algunas féminas me ven como alguien inalcanzable. Supongo que ellas creen que deben prepararse demasiado para intentar entablar una conversación conmigo. Es la primera vez de que me doy cuenta de que a veces si proyecto esa estela intelectual que tengo oculta para el público, pero seguramente exagero. "Ah, verdad que a ti te gusta..."... "el jazz"... si... debo sonar raro. No todos tocan saxofón, pero no soy todos, y todavía espero mi armónica Blue Marine afinada en Do bemol (aunque deberían decir simplemente afinada en Si.. cosas raras del blues).

Jeje... creo que a ella nunca le regalé la luna.

lunes, 8 de octubre de 2007

Caminando por el Centro

Hoy decidí escaparme toda la mañana para caminar por el centro de la ciudad. Se suponía que debía encontrarme con compañeros para realizar un trabajo, pero decidí tomar el bus y pasear la ciudad, así que hoy terminé como el sujeto observador que pocas veces tiene la oportunidad de brindarse espacio.
Siempre le he tenido cierta mística al centro. Tal vez es porque años de crianza atemorizada me infundieron la creencia del peligro latente, o porque las altas concentraciones de gente hacen más notorios los contrastes. Es un lugar pintoresco, donde las arquitectura antigua se funde con el exceso de publicidad amateur de comercios informales. La historia de un país reposa sobre los cimientos de la zona, pero supongo que para que pueda continuar el ritmo de la sociedad actual la historia debe ser ignorada. Fue un día de lluvia, uno de los peores del últimos mes, especial para caminatas solitarias. San Victorino, la zona del comercio popular y del contrabando apareció primero, con los anunciantes en las puertas de los negocios con micrófonos y parlantes a todo volumen intentando llamar la atención a fuerza de notoriedad sonora. Chaquetas, celulares, cigarrerías, lechona, todo parece estar en su sitio, y la plaza es la misma plaza de cualquier pueblo del país, pero camuflada entre el transporte masivo y toneladas de asfalto, matizado por los sonidos del tráfico congestionado con el color que sólo los años de smog le brindan a los edificios más antiguos. Caminé en el sentido de los cerros, al oeste, cerca al capitolio, y me quedé mirando fascinado los lugares donde la gente se refugia de la lluvia. Cualquier lugar parece adecuado, y es cuando es evidente que en Bogotá todos los mostradores tienen paraguas a la venta.
Andube por cafés, ministerios, plazas, locales de artesanías, sin rumbo especial, regresando en mis propios pasos, con el paraguas en la mano y mi mente en las calles estrechas y pedestales con personajes desconocidos. Me desilucionó el hecho de que la presencia de universidades trajera consigo el de jóvenes de revistas y moda que también soporto en mi universidad, pero eso también enaltece la policulturalidad de lo verdaderamente urbano, si tal palabra tiene un significado real.
Como siempre observé a las personas caminar, intentando encontrar a alguien que luciera algo introspectivo. No encontré a nadie con la mirada trascendental que imaginaba y disfruté comer solo en un restaurante grande en medio de la lluvia. Pensaba que me toparía con cafés de bohemia en cada esquina, pero más bien fue todo lo contrario y las cosas de las clases más populares están en cada esquina. Sin embargo, el hecho de no encontrar ese mundo intelectual imaginario del que quiero ser parte no evitó que esbozara una sonrisa en mi rostro al tener que volver a la rutina del lunes. Me dí cuenta de que las personas que viven en este pueblo grande se pueden tomar la vida relajademente del mismo modo que yo defiendo pero sin preocuparse por tener una educación en filosofía, literatura o artes. Disfrutan de cosas más simples como una buena promoción o una serenata tradicional. La cantina es tan válida como el pub, y no soy mejor por tener tres idiomas y medio en mi currículo. Una lección de humildad y de ciudad, que terminó con un joven cantando Andrés Calamaro en el bus. Buen día de ciudad.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Recordado Por Su Silencio

Murió el sábado a la edad de 84 años el maestro de la pantonimia Marcel Marceau.
Vino a Bogotá en el 2005 y me lo perdí. Otro más a las presentaciones en vivo de maestros que nunca viviré. Sin embargo, queda este buen homenaje en este lugar que sólo yo leo, para que lo recuerde de vez en cuando.




No tuvo que hablar para ser conocido como el más grande.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Sanah

"Cuando la gente se mete demasiado en la música, se vuelven solitarios". Eso dijo ella, y mi cabeza no ha dejado de darle vueltas a la frase. No supe como replicarle, no me considero solitario, pero estoy consiente de la forma en que piensas te aisla. Cuando siento el peso del silencio suelo creer que mi maldición es pensar demasiado, y pensar demasiado es de lo que me siento orgulloso cuando veo la gente sumergida en el barro de la sociedad populista. "Se vuelven solitarios", y me recuerdo escribiendo letras aislado en la cafetería de la facultad de derecho la noche en que un toque de una de mis bandas favoritas me soltó la inspiración. Sí, aislado, tomando un café y con un lapiz en mis manos mientras golpeaba los tambores imaginarios en la mesa. Solo, en mi cuento, buscando las palabras adecuadas, acomodando las melodías en mi cabeza con las letras que salían de la mina de carbón. Escribir y escribir. Los disfruto bastante, pero es inevitablemente una actividad individual, viene con el oficio, sólo yo puedo empuñar mi lápiz y mi poesía mala surge. La prosa también apesta, pero igual es mío. Si, me vuelvo solitario, sociable, pero solitario.

domingo, 16 de septiembre de 2007

El Juego II - Aproximaciones

Tuve la oportunidad de examinar las dos caras de la moneda en una sola noche. Por un lado, empecé la velada en la típica forma del adolescente sin demasiado introspección, en una discoteca y con la música bailable de moda. Es evidente que las mujeres en estos sitios se arreglan para obtener la atención de los hombres, o como descubrí alguna vez, simplemente para lucir mejor que las demás y alimentar el ego propio. Es por esto que la belleza simplemente saltaba a la vista, mostrando la genética y las horas de trabajo en gimnasio de las preocupadas por su apariencia, así como los contrastes entre los grupos de personas de todo tipo. Este era un mundo al que no pertenezco, pero aun así la idea de socializar parecía ser la primicia del día, recordando que todo esto es para que un amigo consiga su musa.
El juego tiene otra connotación en estos lugares, las miradas no tienen demasiada importancia, la iluminación pobre reduce la posibilidad de observarse por completo, y las vestimentas parecen tomar protagonismo. La situación es bastante hostil. Las apariencias son las que rigen la selección. La actitud puede verse opacada por un cabello bien estilizado, las charlas son poco trascendentes y se tratan de conseguir información en el menor tiempo posible. Aquellos que dominan el baile suelen tener mayores oportunidades de levantar el interés de las mujeres, ellas se dejan llevar, y las parejas más prometedoras duran la noche. Conseguí un correo jugando en este campo, pero la posibilidad de terminar satisfecho con un mundo superficial me hace olvidarlo.

En fin, cansado de esta casa de la ignorancia decidí salir del lugar y retirarme al mío: el Red Soul. No es más que una casa de varios pisos que ha sido adaptada con unos cuantos parlantes para que los no tan obtusos escuchen música no tan obtusa, así que es normal que me sienta en un lugar familiar, donde puedo cantar todas las canciones porque las conozco, y donde la danza se reduce a mover tus pies al ritmo de las percusiones. Fuí con él, el del aura, el amigo que busca futuro romántico y nos sentamos a charlar sobre la noche. El ambiente era distinto, gente hablando sólo por la platica, sólo por disfrutar la música, gente como yo, al menos en parte. Así fue como encontré un par de muchachas solas, y con un acto de valentía me presenté y terminamos los cuatro hablando el resto de la velada. El diálogo fue en torno a la música, y a la vida de universidad. No eran reinas de belleza, pero el diálogo y las cervezas que tenía en mi cabeza las hizo lucir mejor que cualquiera del lugar anterior. La charla se puso emocionante cuando descubrí que una de ellas tenía un pequeño hábito lector, y el hecho de que escuchar suficiente Reggae le ha dado una visión más amplia de la vida. La noche no terminó demasiado bien gracias a que a mi amigo se le subieron los tragos a la cabeza, sin embargo, conseguí el número de la nena del reggae. Tiene un nombre árabe.

Entonces, ¿cuál es el mejor lugar?, ¿cuál es el mejor método?. Evidentemente para alguien amante de la buena música y la charla trascendente parece fácil la opción, pero la presión que hay sobre nosotros para conseguir una mujer nos hace pensar en la facilidad del otro lugar, y esta imagen que tengo de casarme con una rockera francesa rubia hace que se me haga difícil acomodarme entre la ausencia de belleza. Las dos caras de la moneda, y ninguna parece ser mi lugar.

martes, 11 de septiembre de 2007

El Juego

Todos juegan el juego. Aquellos que no se han dado cuenta son los espectadores del juego. Los jugadores saben cuando alguien sabe jugar. El juego es en lo único que piensan cuando tienen tiempo libre. Se arreglan para el juego, hablan del juego, se evaluan el rendimiento. Siempre están atentos a las nuevas jugadas, los jugadores se reunen, pero una de las reglas suele ser no hablar demasiado de tácticas de juego.
No soy un jugador activo. No he pasado de las primeras etapas del juego. No tuve necesidad de jugarlo desde hace tiempo, pero ahora estoy de vuelta, y un amigo que siempre fue espectador quiere tomar partido.
Parece ser que todo empieza con una mirada. Eso da una idea del nivel del contrincante. No importa de quien sea la primera mirada, si es correspondida, existe la posibilidad de que se inicie el baile. Ellas tienen la ventaja, incluso las más expertas saben que no necesitan devolver la mirada. Ellas miran para evaluar. Y sí, aunque suelan decir que no son superficiales, pueden mirarte por una vez y olvidarte para siempre. Suelen tener un filtro visual, y no se percatan de aquellos que no cumplen ciertos estándares mínimos de calidad. La crueldad de la selectividad femenina.
Yo, me quedo en esta fase, lo que sigue lo conozco sólo en teoría, pero mis aires de psicólogo sociólogo aficionado me hacen disfrutarla de sobremanera. Sólo soy un observador, miro el cielo y la luna, y las personas que no se ven entre sí. Puedes quedarte en un paradero de bus en el centro y verás ríos de personas pasar ante tí. Miles de almas con rumbo propio, pero sus ojos no se cruzan, y al llegar a casa no recordarás ninguna en especial. Por eso me gusta el juego en esta parte, las miradas son disparos de caracter, muchas cosas se pueden aprender.
Últimamente parece que hay más miradas postradas sobre mí. Pueden ser que mis casi 20 años tengan efectos y mi físico se note mejor. La altura parece ser una ventaja más, o el hecho de que cada vez parezco más hippie de otras épocas. Tal vez sólo es por utilizar una nueva chaqueta que va con el estilo de nuestros días. Incluso pueda ser lo contrastante que resulto en medio de mis compañeros de carrera que hacen fiel tributo al esterotipo del ingeniero nerd. El hecho es que ahora recibo las miradas, las respondo y entro en el juego.
Te empiezas a dar cuenta de la experiencia cuando tratan de llamar tu atención. Hay cosas que no pueden evitar, parece ser cierto eso de que juegan con su cabello. Esta mañana en el bus, la joven de pelo rubio que estaba a mi lado era la única que hacia ese movimiento de sus manos sobre su pelo en un transporte lleno de mujeres. Además, ya me había dado la mirada de aprobación, la miré y ella bajó la mirada. Ese es el signo de dominancia. Si bajas primero la mirada, estás perdiendo. La cosa puede pasar a un plano superior cuando empiezan a aplicarse el brillo de los labios, esas cosas que hacen a una mujer más deseable, pero cuando lo hacen y saben que estan bajo tus ojos lectores, se han delatado. Podría tomarse la oportunidad, saber que ella bajo la mirada, tomar la iniciativa, y seguir el juego, pero la mirada lo dice todo, y si no es capaz de mantener la mirada, la falta de caracter hará que se trate de un pequeño proyecto sin trascendencia.
Miradas, miradas. Les correspondes las miradas y siguen el juego, pero conmigo se quedan ahí. Con mirarlas no conozco sus nombres, no sé si leen Cortázar o escuchan a Dylan como yo, pero parece que le da sufciente alimento al ego para mantenerte con buena autoestima. Ahora que estoy en estas no sé si quiero dar el siguiente paso. No parece difícil, pero no espero encontrar mi homónimo intelectual, y demasiadas películas me han hecho creer en el romance. El juego solía ser algo que detestaba, pero ahora soy parte de él, y descubrí de que no iba a llegar a muchos lugares sin él. Mañana tengo exámenes, y mi tiempo para escribir música es cada vez más inexistente. El juego señores, el juego es la vida del adolescente. No debí madurar tan rápido.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Red Soul, Aura

Hoy fui con él. Me solidaricé con esa persona desesperada por entregar todas sus emociones, pero encerrado en su propia imagen y timidez. Rafael nunca ha sido un Don Juan, y todo lo contrario, ha sido bastante malo para relacionarse con el género opuesto. Sus conquistas se reducen a una mujer en un asado a la que nunca pidió el teléfono. Cuenta historias de las salidas con sus primos bien parecidos, que llevaban suficientes pretendientes para ellos y para él, aunque tomar las sobras no le molestaba. Su cabellera y vestimenta de metalero nunca colaboraron con la empresa. Hasta ahora, víctima de la desesperación, y de darse cuenta de que sus amigos tienen todos con quien pasar la velada, el mundo de las mujeres se la ha subido a la cabeza. Es de estatura corta, contextura poco pretenciosa, piernas cortas. Su cara y piel muestran la batalla del adolescente contra el acné. No tiene tampoco ese mentón marcado y geométrico que parece que les encanta, y su ahora corto cabello no tienen ningún estilo original o rockero con el que alguien se pueda identificar. Después de que superó las camisetas de Megadeth se dedicó a coleccionar camisetas de equipos de fútbol, especial para abrir conversaciones con niñas.
Pero es de esas personas, esas almas de buenas voluntades y moral elevada que te llegan profundo. Inevitable darse cuenta de que es buen amigo y un tipo leal, de las personas de las que debes rodearte. Me lo encuentro ahora con esa obsesión, esa urgencia por una linda que lo quiera y no le pida bailar. Yo terminé con mi novia hace cinco meses, el no ha tenido acción en tres años, pero esas miradas de enfermedad me contagiaron la necesidad de la vida social.
Por mi parte no soy el más indicado para conseguir las llaves de una modelo, pero tengo suficiente para posar en mí un par de miradas no demasiado serias. Decidí que lo ayudaría, y que en el proceso conseguiría a alguien para mí. Pero ellas sienten el aura compadre, todos pueden sentirla, no es fácil escaparte de lo que eres.
El Red Soul es mi tipo de lugar. Vale la pena decir que mi tipo de lugar es aquel que me pone mi música. Esta noche, en el poco tiempo que andubimos sonaron Ramones, The Strokes, REM, Offspring, Oasis, U2, y varios con los cuales me identifico. En poco tiempo publicaré una lista con mi selección, pero es demasiado larga y tela de otro lugar. El hecho es que llegamos allí después de unas cerveza en otro lugar sin demasiada mística, y por casualidad me topé con unos amigos míos. Me senté en la mesa del lado, y hablamos un rato. Luego saludé a una chica que estaba con ellos y charlamos poco. Todo iba bien, una nena nueva para hablar, se llamaba Catalina y estudia lenguas. Decidí presentarle a Rafael y todo terminó, el semblante cambió, y prefirió el silencio a continuar una charla con nosotros. Te olió el Aura loco. El alma de ingeniero, los números y el metal se filtran a traves del buso sin gracia especial que llevabas. Red Soul, Alma de bueno, esas cosas ya no funcionan.