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jueves, 21 de octubre de 2010

Excusas

  1. La tesis fue como una traga maluca: pensaba en ella día y noche, trasnochaba incesantemente, soñaba con sus curvas; cuando algo funcionaba habían sonrisas y mariposas en el estómago, pero rápidamente me volvía a desilusionar cuando no salían las cosas, el sinsabor de la existencia se apoderaba de las noches. "No había tiempo ni para los amores".
  2. El trabajo: 8AM a 6PM. Inicié Manscupio suponiendo que las tardes iban a ser mías y con la idea de recolectar personajes en medio de todo. El cansancio de no hacer nada. 8 horas frente al computador, de corbata y zapatos lustrados, de pelo corto, de dolores de estómago retenidos, de reuniones, de estupideces, de compañeros de trabajo sin vida. Al final se llega a casa y no se quiere pensar... hasta resulta a veces atractivo prender el televisor y dejar morir el tiempo hasta la hora del sueño.
  3. La impaciencia, la falta de encontrar algo bueno para contar. Parece que con el trabajo la vida se pasa sin sobresaltos, sin cosas interesantes. A las 7pm de cada día, pareciera que no hice nada que valiera la pena para el mundo, aunque los patrones ganan dinero y se limpian las hemorroides con billetes que tienen la sangre de los esclavos de la compañía. "Eficiente, proactivo, lambón y jodido".
  4. Después de un tiempo, enfrentar la pantalla en blanco es más difícil. Se vuelve a la fuerte autocrítica de la primera vez donde el afán por la perfección hace descartar cualquier redacción que no parezca de un escritor. Se postpone la escritura, se aplaza la lectura, se deja para cuando parezca apropiado. Tal vez 8 meses después.
  5. Perdí demasiadas noches por mirar El Encantador de Perros.
  6. Perdí la capacidad de vivir en las noches.
  7. Me volví mejor lector con la esperanza de tener alguna herramienta adicional para mejorar la escritura.
  8. Lo último que escribí parece demasiado bueno para ser mío.

8 meses de excusas... eso es la definición de procrastinación.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Down

De nuevo estaba solo. De nuevo estaba la acera, el cigarrillo, mi música, y yo. De nuevo caminaba por caminos que conocía de memoria, a través de los muros pintados de grotescas figuras, testigos de mi soledad como pocos, paredes que me han visto pasar, siempre igual, siempre sin compañía, siempre burlones. La gente a mi alrededor, los rostros felices, las caras de rutina, y mi pecho dolorido sin descanso. Era un ente más, un sujeto más, nada especial, algo invisible. Llegué hasta la biblioteca, al frente del café y del museo. Dejé que el humo me aceitara la mente, y esperé a que la belleza de la locación me calmara los nervios. Los sentidos perdieron agudeza, y entraba en un limbo donde sólo se escuchaba el aleteo de la sangre en mi cabeza. Con la vieja cámara decidí tomar imágenes del tiempo. De la colección que pretendo crear, al menos una fotografía debe ser lo suficientemente buena para que la muestre al exterior, y ya que no tengo medios para aprender de otros, empezaré a tomar el asunto en mis manos. Entré al museo buscando lugares nuevos, y encontré una exposición de arte moderno. Sin embargo esta vez no me detuve a encontrarle el significado a las sillas torcidas y las fotografías en lugares extraños, tenía una misión: encontrar poesía.

La idea sonaba simple. Leer Jhon Keats, un poeta que Cortázar también leía y a quien admiraba, un sujeto que según escuché tenía la sensibilidad para identificarse conmigo, con un pensador agobiado de excesiva conciencia. Ahora que se terminó la rutina, mi mente da vueltas sin parar, pensando una y otra vez en la soledad, en dejar de pensar, en la soledad del que piensa demasiado, en la resignación del solitario que piensa demasiado, en la mente insaciable del pensador solitario cuya mente da vueltas sin parar. A veces quisiera tener un antídoto, una manera de detenerme, de sedarme, de tener una vida sin palabras, en tener una mente muda, en disfrutar la cosas triviales que parecen ser suficiente para los demás. No encontré a Keats, y me tropecé con Baudelaire. No encontré el antídoto para dejar de ser lo que soy... tal vez solo la muerte sea anestesia suficiente.

Sólo quisiera apagar las luces, seguir escuchando a Bessie Smith, y dejar que el vino se llevara mis desvaríos y mi conciencia. Una larga conversación nocturna me hizo recordar los verdaderos dolores de la soledad. La rutina de la universidad, las neuronas ocupadas en solucionar cuestiones académicas, me habían evitado el suplicio de ser Alonso Llosa. El blues hizo que mi pecho terminara de sumergirse en un mar de espinas, y cuando Bessie cantó Take it Right Back, el sentimiento me sumergió en el dolor completo. I'm down, my chest hurts. La gente me busca para que les arregle la vida, y no puedo arreglar la mía. Es una lucha entre saber que la soledad es lo único para mí, y una parte que se resigna a creerlo. Admitirlo no significa que lo haga menos doloroso, menos tormentoso. Es un gran desierto donde solo yo recorreré las arenas, y el sol me devorará poco a poco las entrañas. No encontrar refugio más que en mí mismo, hace que los gritos queden ahogados debajo de la arena. 

Lo más difícil es saber que mi máscara todavía continua puesta, que nunca me la voy a quitar, que para el mundo seguiré siendo el mismo sujeto alegre y lleno de empatía, y que nadie sabrá jamás de las noches sin sueño y las lecturas secretas.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Monológico

Mi expresión se deteriora, mis palabras se reducen. He dejado de lado aquello que me impulsaba a sacar aquello que me atormentaba por las noches. Poco a poco dentro mí sé que está pasando aquello de lo que he intentado alejarme: me resigno. Dejo que pase el tiempo, dejo que la rutina dicte mi vida. Sin darme cuenta, he reprimido mis impulsos por alejarme de los círculos de siempre, he dejado que la llama que me hacía diferente perdiera su fuerza. Las caminatas, las pequeñas batallas ganadas pierden cada vez más significado. La soledad me consume mientras mantengo la sonrisa de siempre. La música me guía a lugares que quisiera explorar, pero la necesidad de crear se va desvaneciendo, desvanezco, pierdo aquello de lo que me sentía orgulloso.

Quiero culpar a la soledad. Hay una parte de mí que no puedo explorar con nadie, una serie de pensamientos que no puedo cultivar porque no existe un terreno fértil para hacerlo. Cada día tengo esa necesidad de sentirme conectado, de estar en algún lugar, pero cuando miro a la gente que aparece, se hace más fuerte la sensación de que no pertenezco, y sin embargo, sigo ahí, y me obligo a pertenecer, me obligo a dejar de ser. 

La mismas palabras recorren mi cabeza una y otra vez: estoy rodeado de gente y soy el ser más solitario. La soledad es lo mío. Caminar por ahí, sin destino, tomar un café, mirar el atardecer, mirar los edificios, dejar que la lluvia toque mi piel... son cosas que aprendí a disfrutar solo, y aunque suelo crear unos extraños escenarios donde tengo alguien a mi lado, la verdad es que la compañía haría del momento algo diferente. Pretendí ser demasiadas cosas y me quedé sin ninguna. Ahora todo es imaginación, y cuando la razón la ataca, sólo queda la desesperanza. Tal vez sea eso, perdí la esperanza. Acepté que siempre estaré solo, que nadie más reconocerá en mí las cosas que me definen, y el mundo sólo conocerá la brillante máscara que me formé. Así que ya no me molesto en buscar reacciones especiales en la gente, simplemente recorreré mis lugares dejando que alguna fotografía me conmueva, aprenderé a no compartir mis recuerdos, a que los pensamientos son míos, que los dilemas son propios, a que puedo alimentarme solo. Tendré que aprender a soportar el dolor que admitir la soledad trae, pero es mejor aceptarlo rápido antes que crearme ilusiones. Si, creo que con esto queda claro: perdí la fe en la gente. Aparentemente no existen personas que crean que la vida sea algo más que lo que aparece en sus narices, no aparece nadie que crea que la vida hay que pensarla. Tal vez es simple rabia, acumulada por tanto tiempo de no encontrar algo que me de esperanza. Tal vez soy yo, que dejó de lado el camino de aquellos que dejaron de hacer preguntas hace mucho tiempo.

martes, 26 de agosto de 2008

Coffee & Cigarettes

Subí mi mirada interrumpiendo la lectura y me contemplé. Estaba sentado como siempre, sin decencia, ortopédicamente erróneo, casi acostado sobre la silla y con mis piernas explayadas como si fuera la mesedora de mi casa. El café aun estaba caliente, el cigarrillo estaba a la mitad y humeando en mi mano. He adoptado este nuevo ritual con agrado: termino de dictar las clases que debo hacer como práctica social, y aprovechando la cercanía al centro, camino hasta las plazas para ojear los libros y cachivaches y luego sigo hacia el mismo café sobre la 19. Compro dos cigarrillos y subo al segundo piso para leer mientras espero el atardecer. Hoy aparentemente llegué más temprano, y de las más de diez mesas, sólo un sujeto calvo leyendo el periódico y una pareja haciéndose cariños tomaban asiento. Me coloqué en la esquina al lado del ventanal y me puse cómodo. Detrás del vidrio la gente se movía como hormigas en una granja sin saber que estaban bajo el examen de mi mirada. La mesera me saludó esta vez más familiarmente y ya sabía lo que quería. Encendí un cigarrillo y me sumergí en la lectura. No sentía lo que sucedía a mi alrededor, tomaba bocanadas de humo y sorbos del café. A la mitad del segundo cigarrillo, subí mi mirada interrumpiendo la lectura y mire a mi alrededor. Estaba sólo en el lugar. 
Por un momento quise poder salir de mi cuerpo y observar la escena desde otra perspectiva. Ese instante tuvo un sabor especial. Quise tener el poder de hacer más lento el tiempo y prolongar ese momento por una eternidad. Sentía que ese momento era mío de forma natural, estaba haciendo lo que me gusta hacer, sin testigos, sin jueces. Una hora perfecta, un libro, un café y un cigarrillo. Sonreí e proseguí con mi lectura, pero no pude seguir. Subí mi mirada interrumpiendo la lectura y después de comprobar que el momento no terminaba, cerré mis ojos y me dejé llevar por la sensación sobre mis pulmones y el sabor en mi lengua. Esa gratificante sensación de victoria que nace cuando por fin eres lo que quieres ser y los problemas del mundo detrás del cristal no importan me llenó poco a poco cada centímetro de mi cuerpo. Abrí los ojos, apagué el cigarrillo, tomé el último sorbo, y después de comprobar que la oscuridad empezaba a cubrir el cielo, bajé mi mirada continuando la lectura.

sábado, 16 de agosto de 2008

Dos días - Flaneurie

Los últimos, fueron dos días ejerciendo mi autoproclamado y desconocido oficio de flaneur como pocas veces. Hacía rato no me daba la licencia para seguir los impulsos de ciudad, sin preocuparme de la hora de llegada, ni de los deberes acumulados.
El viernes empezó como cualquier otro: llegué tarde a la clase de la mañana, me dormí toda la segunda clase, y escuché por una hora la charla del demente profesor de constitución mientras intento de algún modo acomodarme en los estrechos pupitres antiguos y hechos para pigmeos donde se dicta esa clase. Esta vez cumplí por primera vez mis labores de monitor, y una coincidencia hizo que el monitor de un par de nuevas estudiantes de administración no asistiera y yo, como buen samaritano, me encargué de explicarles todas sus dudas. El "efecto afrodisíaco del poder" del que alguien me había hablado se notaba en sus caras de admiración. Ya había sentido esa forma en la que las estudiantes calculan sus gestos y piensan sus palabras cuando se dirigen hacia mi cuando soy el que escribe en el tablero, pero nunca he podido acostumbrarme a esa especie de alabanza. Alguien diría que soy un tonto por no utilizar ese magnetismo que el poder confiere, pero tal vez simplemente el efecto groupie no va conmigo.
Esta vez el cielo estaba despejado como pocas veces. Sólo unas pocas nubes evitaban que los rayos del sol llegaran directamente y como resultado el clima estuvo templado, con brisa leve, ideal para caminar y experimentar la ciudad. Esta vez tenía un plan, unas cervezas prometidas y el deber de comprar la boleta para el concierto de Calamaro por la que por tanto tiempo trabajé. Esta vez, igual que la semana anterior, un amigo quiso intentar seguirme el paso. De esta forma la cosa funciona distinta, la conversación hace que el camino se sienta más corto y me convierto en guía, llevando a mi amigo por los caminos que suelo tomar, mostrándole las opciones, los lugares, las historias. Un perro callejero con una cabellera brillante nos escoltó a través del Parque Nacional, y allí comprobé que la torre del reloj restaurada por suizos sigue mostrando la misma hora de siempre. El centro se me presentaba como siempre, con ese especial encanto que ejerce sobre mí y que nadie termina de sentir del mismo modo, con edificios enormes que me hacen sentir pequeño, grandes estructuras de hormigón y acero, y con el Museo Nacional, escondido entre árboles viejos y oscuros, fuera de contexto, con sus altas paredes de piedra y jardines cortos, donde me escapo de vez en cuando. Recorrí mis pasos una nueva vez, pasando por el Planetario, el pequeño bar clandestino cerca de la Plaza de Toros, el Parque de la Independencia a la sombra del edificio más alto de la ciudad, el Museo de Arte Moderno, las salas de cine erótico, la Cinemateca Distrital, teatros, comercios, tiendas de música. Al llegar a la 19, mi compañero ya estaba bastante sorprendido, y lo quedó aun más cuando le mostré que al costado norte del lugar donde mataron a Gaitán, símbolo de lo que alguna vez pudo ser la igualdad social en el país, y con cuya muerte empezaron todos los verdaderos problemas, personaje tan colombiano como la bandera, había una gran tienda de Mac Donald's, justo en el medio de unas paredes que cuentan la historia de Colombia.
Llegamos hasta la plaza de Bolívar, y por no tener una cámara conmigo me perdí una de las mejores fotos que algún día pude haber: bajo la sombra de la buhardilla de un local cerrado, sentada sobre una tela azul oscura, con una gorra roja y sucia por el tiempo, una anciana vendía manzanilla. Tenía la apariencia de haber llegado a sus 86 años tal vez, y la encontré baja, corvada, bien sentada sobre un bordillo frente la puerta en la que improvisaba su expendio. Llevaba una oscura y larga falda, unas medias cortas y unas zapatillas de tela delgadas que caracterizan a las personas de edad. Un saco de lana azul abierto terminaba su presentación, y su rostro arrugado y de mejillas bien definidas era especial. Miraba hacia el horizonte, sentada de manera ortopédicamente correcta, con las manos sobre su falda, olvidándose de su mercancía,y todas las arrugas de su rostro se alineaban de manera que sus ojos y los pliegues en la piel tuvieran el mismo punto de fuga en la mira.
La plaza estaba siendo preparada para el cierre del festival de verano. Poco después, esa misma tarima que se ensamblaba se mantuvo para rendirle tributo a la fundadora y motor del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.
Pasamos un rato tomando las delicias del Juan Valdez de la casa de la moneda, y obtuve más monedas de recuerdo acuñadas en el lugar. Nos reunimos con un tercer amigo y subimos hasta el Chorro de Quevedo. 
En la Candelaria, cada vez que se abren los ojos, o se gira la mirada, se obtiene una postal. La arquitectura antigua le da un toque romántico al lugar, y en los fines de semana, las hordas de universitarios listos para la vida nocturna empiezan a poblar la antigua ciudad. Esa noche, la luna estaba prácticamente llena, y los ánimos estaban ideales para pasar un buen momento.
Cerveza, Rock'n Roll y amigos. Esa fue la velada. Entramos a un agradable pub cercano a la calle del embudo, con pisos de madera, escaleras de madera, y lugares íntimos y de poca iluminación. Hablamos de todo, de mujeres, de música, de la vida, del país, de música, de mujeres y de mujeres. Tal vez hablamos demasiado de mujeres, pero una de aquellas ideales que nos imaginábamos apareció de repente en una mesa cercana, haciéndonos perder el aliento y dejar volar la imaginación por un buen lapso de tiempo. Salimos, con el alcohol dentro de la cabeza, con el cansancio de la jornada, pero con una satisfacción que no sentíamos desde hacía demasiado tiempo. En el bus de regreso, tal vez víctima de una sinapsis nerviosa lenta, intenté leer otro capítulo de El Gran Gatsby, pero sólo me gané un dolor de ojos.

El sábado tuve una agradable velada solitaria, como las que solía tener. Después de la clase de la mañana donde volví a hacer el papel de profesor, saqué Los Hermanos Karamazov de la biblioteca y volví a adentrarme a la ciudad. Esta vez quería observar una exposición de fotografía en el Planetario Distrital. Caminé un rato hasta el Museo Nacional, donde hice un esfuerzo sobrenatural para subir una empinada pendiente en el costado norte del museo hacia la Carrera quinta. En la mitad del acenso prometí no volver a fumar y maldije a Dostoievski por haber escrito un libro de más de 1000 páginas que me hacía perder el aliento. Al llegar arriba, después de recuperar el aire, pedí perdón a Dostoievski y observé una hermosa exposición al aire libre de fotografía de exteriores, parte también del proyecto al que planeaba asistir. Eran fotografías en gran formato de aves de jardines silvestres. El verde de la naturaleza plasmada en las imágenes me tranquilizó, y era fácil sonreír al reconocer las aves comunes de la ciudad. Compré un sandwich, un jugo, y un par de cigarrillos y me senté en una banca sobre el Parque de la Independencia. El viento era fuerte, los caminos de ladrillo estaban repletos de hojas secas y amarillas, y se acumulaban de forma certera sobre todo el follaje, dándole un aspecto descuidado al lugar. Mientras comía, unos niños jugaban y gritaban en un carrusel olvidado por el tiempo pero revivido por la imaginación de los infantes, que soñaban sobre los corceles de pasta ya sin pintura que se mantenían estáticos sobre un eje oxidado. El viento me apagó 3 cerillas, y como en una película, la última funcionó para darme la bocanada de humo nocivo que a veces utilizo para aceitar las neuronas. Empecé a leer el libro, y miraba de vez en cuando al cielo sin nubes y a los niños ruidosos, mientras las palabras me transportaban a un lejano lugar ruso. Después de un par de capítulos, bajé al Planetario, y entre los arbustos del parque descubrí una escultura de Copérnico algo rústica, pero con la intención de celebrar la astronomía.
La exposición de fotografía fue más pequeña de lo que pensaba. El fotógrafo (René Peña creo) poseía una cámara que le permitía tomar primerísimos planos, y decidió mostrar una serie llamada ¨Man Made Materials", donde diferentes partes del cuerpo eran fotografiadas, revelando texturas impresionantes, y patrones surrealistas, todo sobre nuestra propia piel.
Al terminar allí, y comprobar que me dolía aún más que el día anterior haber perdido la posibilidad de fotografiar a la vendedora de manzanilla, decidí que mi próximo propósito es una buena cámara. La tarde terminó en un centro comercial, y con la boleta de Calamaro en la mano :)

El contraste de mis caminatas en solitario y aquellas con algún tipo de compañía fue algo necesario. Por un lado, compartir las pasiones, y tener alguien receptivo a ellas, es gratificante. Suelo ser más bien social, y compartir un paseo por la ciudad cultiva una amistad. Pero el hecho es que siempre he sido un espíritu solitario, creo que no vale la pena buscar otra forma de decirlo, aunque no por eso me sienta aislado, y he aprendido que no debo esperar que alguien tenga una locura tan específica como la mía. Flaneur después de todo, experimentando los parajes de la ciudad, cantando por la acera, mirando en las ventanas. Dos días que merecen recordarse.

sábado, 9 de agosto de 2008

Asia

La primera vez que la vi, sólo sentía muchísima curiosidad por sus rasgos asiáticos. Una reacción normal supongo, por la aparición de un rostro con facciones diferentes. Se notaba que no era completamente asiática, y en su forma de mirar se notaba la timidez, tal vez producto de estar siempre como objeto de las miradas de los transeúntes. De eso hace ya tal vez 2 años, la verdad no lo puedo decir con certeza, y me sorprende últimamente darme cuenta de que todas las cosas que recuerdo son de hace demasiado tiempo. Era una de esas semanas de la cultura japonesa, y ella, teniendo sangre de China, acudió a una de las películas que proyectaban por las fechas. 
Esa vez no reparé demasiado en ella. Debido a mis estudios de japonés he creado una extraña pero real suspicacia contra los chinos, y no fue diferente con ella. Simplemente me percaté de su existencia, y de ciertas mística que rodeaba a las personas que trataban con ella, como si fuera un animalito en vía de extinción. 

Después me di cuenta hace unos meses de que estaba tomando las mismas clases de japonés que yo solía tomar. Así que ese tonto obstáculo que me había creado se había roto. Tiene unos ojos muy expresivos. No son los ojos rasgados y cerrados de los japoneses, los de ella son perfectamente redondos y sus párpados se pueden abrir por completo, y le permiten una expresividad particular y difícil de describir, que armonizan a la perfección con un rostro ovalado y de pómulos suaves. En ese aspecto me llamó la atención, porque a pesar de ser igual de superficial que un hombre corriente, unos ojos hermosos me pueden tocar más rápidamente que un buen cuerpo. En los días en que vivimos, basta con tener el cabello arreglado y unos ojos llamativos para conseguir la atención, al menos la mía. Su forma de vestir me confirma su timidez. Chaquetas largas, siempre chaquetas largas, por debajo de la cintura, le cubren todo su cuerpo, y no se puede saberse con certeza que tipo de silueta tiene, aunque no parece que sea una que deba ser ocultada. No es demasiado alta, pero está en el promedio colombiano, y supongo que es mi culpa por ser alto que ese aspecto nunca lo dejo pasar. Hay un par de cosas que si me llaman demasiado la atención. Por un lado, por cosas de la genética y la raza, tiene la piel perfecta. Lisa, blanca, perfectamente tensa y suave a la vista. No tiene ninguna marca especial, y al mantener su rostro sin maquillaje, exhala una sensación de tranquilidad con la armonía de sus facciones. El otro elemento, sus labios. Son labios para besar. Lo noté desde la primera vez, cuando ni siquiera consideraba darle un saludo, notaba que tenía unos labios perfectos. Delgados pero carnudos, llenos, un rojo perfecto, un labio interior suficientemente prominente, labios para besar, para ser besados, que me gustarían besar.

Sus miradas llegaron después. Me recordaban otras mujeres que me miraban con intenciones y deseos escondidos, pero con su personalidad pasiva y los ojos expresivos, le correspondía la mirada y ella la desviaba. Son esos cruces casuales por lugares públicos los que hacían crecer en mí cierta curiosidad. En una ocasión, mientras bajaba por unas escaleras largas y anchísimas rodeadas por vegetación densa que comunica la parte más alta de los edificios sobre la montaña con la planta principal me encontré con ella subiendo. En ese momento nunca nos habíamos dirigido la palabra, y cruzamos las miradas. Esos ojos brillantes y grandes me miraron, y yo la mire con firmeza sin detener mi marcha. Ella tomó aire y abrió sus labios para decir algo, pero mantuvo el aire y se tomó sus palabras. Eso fue todo hasta hoy.

Desde hace ya mucho tiempo que me devoré todo lo que la universidad tiene para ofrecerme en idioma japonés. No es que tenga una obsesión especial con esto, sino que simplemente se me dio así: una vez tomé francés, me asustaron las 14 formas de pronunciar vocales y decidí matricular japonés por ninguna razón en especial. Una vez en clase me gustó, y me volví además amigo del sensei, razón por la que desde los primeros semestres decidí sacrificar mis sábados para pasar una mañana agradable con gente tranquila. Las veces que no tuve clase los sábados, ese día simplemente quedaba perdido, así que me acostumbré, y lo tomaba como una simple visita al padrino o a los tíos, el sensei es verdaderamente un personaje cálido que recibe a todos como familia. Después de tomar todos los cursos disponibles, sensei simplemente continuó dictándonos clase, sin que con ello le paguen un peso, simplemente por mantener el grupo de estudio. Hemos sido sin embargo, los desplazados de la universidad con todos los cambios de idiomas, y mantener este tiempo de práctica se ha venido dificultado. Soy probablemente uno de las 3 personas que más conocen el idioma en la universidad, y por esa misma razón, esta vez decidimos colaborar con el sensei para nivelar a unos alumnos de niveles inferiores. Hoy, ella estaba ahí, entre los estudiantes a los que ayudaría. Fue muy sutil, pero logré descubrir sus pequeñas miradas hacia mi lugar. Al acabar la clase, todos salieron a excepción del sensei, un compañero, ella y yo. Tengo que encargarme de un par de cosas esta vez, así que tenía asuntos que tratar con sensei, pero ella también esperó, aunque desconocía la razón. Hice una llamada por mi celular, y mientras lo hice, la miré directamente a los ojos. Ella estaba a un poco menos de un metro de mí, en una silla del frente, pero mientras hablaba con alguien al teléfono, nos observamos sin dudarlo demasiado. Parpadeó como en cámara lenta, y seguí sus ojos, y ella los míos. Emprendimos el camino y empezamos a hablar. Conocí su voz, que era dulce pero segura, en contraste de sus apariencias tímidas. Cuando le pregunté qué creía que estudiaba.. "seguramente algo con humanidades".. cuando me dicen eso me estremezco por dentro. Quisiera decir que estudio lo que estudio porque quiero comprar mi libertad y lograr dedicarme a lo que verdaderamente llena mi mente de éxtasis. Pero no, hice de tripas corazón y seguimos hablando. No puedo recordar su apellido porque era difícil de pronunciar y no tengo la más remota idea de la forma en que se escriba, pero su corto y latino nombre se me estampó fácil en la memoria. La conversación sólo continuó en el trayecto que va desde el aula de clase hasta la biblioteca, donde ingresé para seguir leyendo Tokio Blues (o Norweign Wood) de Murakami Haruki, paradójicamente japonés, aunque fue simple casualidad; mi último libro fue de Fedor Dostoievski, este simplemente seguía en la lista. Hablamos de pocas cosas, y simplemente reconocí en ella un amor real por la crónica escrita, una sensación zozobra por el futuro profesional, y el hecho de que tomó la cátedra de Cortázar, con lo cual no pude sino acrecentar mi curiosidad. No quedamos en nada especial, supongo que nos volveremos a ver la próxima semana, pero si me cruzo con ella seguramente la invitaré a un café. Por ahora tengo un verdadero interés en conocerla mejor, con el tiempo, tal vez, Asia.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Incapacitado

He llegado a pensar que soy incapaz de sentir. A través de tanta lectura y películas me he convencido de la idea de que soy demasiado romántico. Las caminatas por la ciudad, flaneurie, las novelas. Tal vez no sea cierto, y tal vez simplemente me gustan ciertas historias por otras razones diferentes al romance. Esa silueta de la mujer de mis sueños se fue llenando de más y más virtudes y anhelos que la hicieron casi imposible. Pero de repente, al aparecer personas que llenan ciertas partes de ella, no reacciono como creí que reaccionaría. Pensaba que al encontrar personas con alguna sensibilidad, me emocionaría con la posibilidad de lograr acercarme. En cambio, me encontré con que descarté cualquier imagen de estar en una situación cercana. Dicen que nadie sabe lo que quiere. pero esto es diferente, porque me di cuenta de que no puedo imaginarme a la persona a la cual sería capaz de abrirle mis sentimientos completamente, puedo imaginarme a la persona con la que me gustaría estar, pero no creo que sea capaz de enamorarme de ella.

Soy demasiado racional, o tal vez demasiado calculador. Pero también puedo ser demasiado pasional, demasiado irracional en ciertas ocasiones, demasiado arriesgado... soy demasiadas cosas y ninguna a la vez. La cosa se empeora ahora que descubro la dureza de mi corazón. No me puedo dejar llevar con una ilusión, tal vez nunca lo haga. Tal vez es la fobia a sentirme vulnerable, o tal vez simplemente no estoy hecho para ello, una incapacidad adquirida por pensar demasiado.

sábado, 2 de agosto de 2008

De "El Jugador"

Acabo de terminar "El Jugador" de Dostoievski y me encontré afortunadamente con un texto de Estanislao Zuleta. En "Elogio a la Dificultad" dice:

"(...) Dostoievski nos enseñó a mirar hasta dónde van las tentaciones de tener una fácil relación interhumana: van no sólo en el sentido de buscar el poder, ya que si no se puede lograr una amistad respetuaosa en una empresa común se produce lo que Bahro llamara intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga un sentido. Dostoievski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón."


Es de valientes enfrentarse a la vida sólo. Alexei Ivánovich, el protagonista de El Jugador se creía completamente enamorado de Polina, y era capaz de hacer cualquier cosa que ella pidiera. Tal vez la forma más pura del amor sea la servidumbre, pero ya pase por la etapa en la que creía que mi vida solo tendría sentido si encontraba a una mujer que me calmara la severidad del pensamiento. Luego, mientras estuve con alguien, se me anestesiaron los pensamientos, y al volver a estar solo sentí como se había perdido el tiempo. Igual, Dostoievski sabe como pocos que el hombre le tiene miedo a su libertad, y la soledad puede convertirse como pocas cosas en un verdadero enfrentamiento con la posibilidad de elegir el camino. Es fácil enamorarse y dejar la vida en manos del otro, y aunque no puede decirse que es una mala elección, diría que es una salida cobarde en cuanto se renuncia a la libertad propia. El verdadero amor tiene que ser entre personas libres, que son capaces de pensar por sí mismos, con iniciativa propia y respeto intelectual. En fin... todo esto para recomendar el libro :).

lunes, 7 de julio de 2008

Lluvia

Cierro la puerta y me miro en el espejo. La apariencia de mi cara recién despierto no suele ser la mejor visión para empezar el día, pero la idea es que el agua mejore la situación. Me quito la piyama de toda la vida que me rehuso dejar ir y observo por un segundo el cuerpo del que me siento orgulloso: nada de excesos de masa en ningún lugar, suficientemente proporcionado para mi altura. Abro la puerta, abro la llave. En las duchas eléctricas, la temperatura es inversamente proporcional a la cantidad de agua, y los días fríos como los de esta ciudad hacen que el volumen de agua sea bastante pequeño para conseguir una temperatura alta. Me gusta el agua caliente, tal vez demasiado, pero cierro los ojos y me sumerjo en la agradable sensación del agua quemando mi piel. Tal vez sea porque no me he terminado de despertar, o tal vez porque a mi subconsciente le gusta sentir agua tibia, pero mi imaginación vuela, vuela como en ningún lugar, comparable solamente con ese instante en que apenas despierto sigo acostado y sueño en un estado somnoliento.
Cierro un poco más la llave para darle más temperatura al agua, y estoy al frente del salón de clases de una universidad japonesa, en medio de mi presentación, entre inglés y japonés, intentado dar una buena primera impresión. Seguramente soy mayor que ellos, y definitivamente mucho más alto, pero a diferencia de los orientales con cintura de palo, puedo bailar como pocos, y lo aprovecharé para montar un buen show con una buena banda de rock'n'roll, y lo primero que daré a entender es que busco miembros para armar la banda. Los rumores dicen que los latinos tenemos algo a lo que los asiáticos no se pueden resistir, y aparezco rodeado de un puñado de mujeres de ojos alargados que no me llaman tanto la atención. Sería más fácil conseguir una novia acá y llevármela después, vivir juntos, dedicarle las canciones. Igual, estoy en la tarima, probablemente en la universidad, creando una fama local. Estoy tocando guitarra, tuve que dejar la batería porque atrás se pierde el carisma y además quiero cantar. Empezaría por Weezer, por lo que les gusta, y luego, seguramente cantaría una de Fito que me sale bien, y en Legalización de Ska-p (saco un papelillo, me preparo un cigarrillo y una china bakanuta de hachis...) sacaría el saxofón para que se enloquecieran, luego las mías, en japacho, inglés y español, y poco a poco reconocerán que el español es genial. Ya como tengo fama, para este concierto me conseguí un juego de vientos, trombones, saxofones y trompetas, un equipo de luces potente, todo para lograr hacer el homenaje que quiero.... "Fellas, I'm ready to get up and do my thing (yeah go ahead)... I wanna get into it man, you know (go ahead)... like a.. like a sex machine man (yeah go ahead)... movin' and doin' it you know... can I count it off?? (go ahead)... a 1 2 3 4...".. creo que todavía no me he echado el shampoo, pero si recuerdo bien los pasos de James Brown y van así.... la verdad todo está en las piernas, creo que siempre tuvo la cintura rígida a pesar de haber sido un sex symbol en su época. Lástima que nunca lo pude ver en vivo, creo que junto con Celia Cruz, significaron para mi las dos personas más alegres de la música, y pensaba que era inmortales, y me tomé un tiempo de luto como nunca le hice a nadie, the Godfather of soul, el verdadero creador del funk. Ahora utilizan la palabra funky en todo, y creen que todo tiene groove, pero para conocer verdaderamente el significado de esas palabras es necesario haber escuchado Funky Drummer. Esa batería, tal vez la razón por la que empecé a tomarme como oficio serio la percusión, tengo que tocar batería como sea, recuerdo de memoria Balaclava de Arctic Monkeys, tengo que hacer ruido rápido, necesito ese espacio para cantar tan alto como se me dé la gana. Después me traje al elenco original, la banda colombiana, estoy en el día de la música colombiana que pude montar con toda la fama que logré acumular, y traigo a The Black Cat Bone, y a toda la Bogotá Blues Society y a todos los que se peguen, y tocamos Dirty Strings y toco la batería como nunca. Los dedos arrugados me dicen que es suficiente, que se me hace tarde para volver a la realidad y que la gente generalmente solo canta en la ducha en lugar de montar el espectáculo completo, pero no es mi culpa que mi sangre amanezca con ganas de funk. Esto esta mal construido y no tiene ventanas. El vapor se acumula, igual que un sauna, se puede ver el vapor emanando de mi piel y poco a poco, si me demoro lo suficiente, se forman gotas en el techo. Después de dejar que se enfríe el lugar, empieza a caer el vapor condensado del techo, y es curioso observar la forma lenta en la que las extrañas estalactitas se forman. Es lluvia, la lluvia testigo de mi locura.

lunes, 23 de junio de 2008

Null

Empiezo sin título como pocas veces, porque no tengo la más remota idea de como llamar a este nuevo capítulo. Quiero creer que todo ha sido un problema del sedentarismo que trae la falta de rutina de la cual me quejo tanto, pero por otro lado está la obsesión que siempre reprimo de tener a alguien cerca.
Siempre he creído que soy de aquellos que pueden descifrar a una persona rápidamente. No sé si sea una actitud petulante, pero tampoco es algo que diga en voz alta, así que nadie puede juzgarme. Simplemente observo una persona y puedo predecir ciertas conductas y la forma correcta de abordarla. Esto es cierto, en especial cuando me dirijo a un desconocido. Mis amigos suelen decirme que tengo "el don de la palabra¨, y aunque la palabra "retórica" siempre me pareció algo pretenciosa, creo que es acertado decir que puedo acercarme adecuadamente a las personas y transmitir bien lo que sea que quiera transmitir, e incluso llegar al punto de manipular (sin abordar los dilemas morales de la palabra) con mi forma de expresarme.
En estos momentos, cuando me preguntan sobre lo que hago, contesto de la forma divertida de siempre: "Hmm.. veo fútbol.. hmm... compro la leche.. hmm... saco la basura... hmm... a veces cuando compro la leche le doy una vuelta al parque...", y la verdad es que simplemente pierdo neuronas y tiempo acostado todo el día en mi cama (aunque escuchar música no es perder el tiempo). Leo cosas, es cierto, pero son cosas que leo yo y nadie más lee, porque en el entorno en el que vivo nadie lee, así que para ellos es mejor no decirlo, y son simples experiencias que me llenan, aunque para ellos simplemente no hago nada. Entonces llegó ella, quién es, para no extenderme, todo lo que NO busco en una mujer. Hace mucho tiempo que decidí que soy demasiado maduro para mi edad, y que de mujeres de mi edad no debo esperar más que los pensamientos insulsos de una pequeña, y las tonterías que anestesian el razonamiento de las personas gracias al conocimiento colectivo y vacío que se inyecta en los medios de comunicación. Sin embargo, soy sociable, solitario pero sociable, y hablé con ella, tal vez porque no había nadie más con quien hablar.
Fue rápido, demasiado rápido: con su mente superficial, sentido del humor predecible, falta de iniciativa, y repetición en el habla, logré que se interesara en mí sin condiciones. No creo que sea una mujer fácil, porque no es parte de ningún estereotipo, y quiero creer que fue mi presión en los momentos adecuados lo que hizo que mostrara tan poca resistencia a mi trato.
Con ella no hablo de nada, absolutamente nada. Es, tal vez, una de las personas con las que he tenido las conversaciones más vacías y largas de mi historia, y su gusto por la música que más odio me hace sentir sucio, pero la falta de razones para detener cualquier posible razón para salir de mi casa hizo que me mantuviera atento. Pasan mil cosas por mi cabeza al caminar con ella, la falta de criterio me aterra, y empiezo a preguntarme que cosas en nuestras vidas hicieron que ella sea así y yo sea un monstruo que no puede callar su mente con posibilidades, observaciones y elecciones. Ella es un homenaje a la falta de curiosidad, a la falta de abstracción, a la falta de búsqueda de sentido, y pertenece a esa parte de mi país que vive gracias a la radio comercial y la farándula.
A pesar de todo esto, seguí tratando con ella. A pesar de todo, me hizo recordar lo necesarias que son las mujeres en la vida de un hombre. Ya la Sole me regañó como era debido, enhorabuena... "Se está enamorando de tí, no la culpo"... "tienes que terminarlo antes de que le hagas daño". Son las mismas cosas que dice mi conciencia pero no me he detenido. Sin escrúpulos encontré la aventura de verano que buscaba, y sin escrúpulos quiero alargarlo hasta que regrese a estudiar.
El romanticismo no me llevó a ningún lado. Tanto esperar a esa persona que tenga el carácter, la iniciativa, y la profundidad de pensamiento que busco me ha llevado a creer que no existe. Me he cruzado demasiadas veces con mujeres parecidas a ella, que no tienen la más remota idea de lo que es el arte, o el verdadero sentido de escuchar música, y sólo piensan en lo que sucede en sus narices. En fin, soy hábil para conocer gente así, y son la mayoría, por lo que esta vez, con la excusa de poder tener una razón para salir de casa, decidí seguir con el experimento, aunque me da una vergüenza existencial que puede que nunca desaparezca. Espero salir cuerdo de esta.

lunes, 16 de junio de 2008

Ella - La Bailarina

Apareció una clase de un sábado cualquiera. Desde el segundo semestre (ahora estoy en octavo) me he acostumbrado a la clase de los sábados, aunque también me acostumbré a llegar tarde. Hasta ese momento siempre habíamos sido los mismos, y la clase se desarrollaba sin sobresaltos, entre la misma gente aburrida y yo, donde desarrolle la fama de chico malo y fiestero simplemente por llegar tarde. Ella estaba ahí, al otro lado del salón, al lado de las persianas. No tenía nada particular que hiciera voltear la mirada de los hombres, pero no pude evitar sentir algo que me estremeció, un magnetismo singular, un perfume que sólo yo podía oler. La única vez que cruzamos las miradas ella me correspondió con una sonrisa y fue suficiente para cautivarme.
La clase solía tener un pequeño receso, donde salgo con dos de mis compañeros a tomar unas galletas y una malta, y seguí el pequeño protocolo para no parecer desencajado. Ellos hablaban de video juegos y mundos mágicos de los que no tenía la más remota idea aunque escuchaba y lucía interesado. Cuando regresamos la escena me dejó paralizado: estaba esperando sola leyendo un libro. Si, tal vez suene alto trivial, pero se trataba de una tabla larga que está sobre las paredes del aula, y ella tenía sus piernas recogidas cerca de su pecho, y el libro sobre sus rodillas y una mirada apasionada sobre las páginas. Me distraje, perdí la serenidad que me caracteriza por un instante y el tiempo pasó despacio. Eso sucedió hace tal vez más de un año, pero lo recuerdo demasiado bien, y me sorprende que recuerde también los detalles. Ella llevaba un pantalón café o verde oscuro, y un saco verde de lana, recuerdo también que llevaba unos mocasines oscuros, nada demasiado casual, nada demasiado pretencioso. Terminó la clase, no supe su nombre, debe ser unos dos años mayor que yo.
Toda esa semana elaboré un plan para intentar reconocer en ella la sensibilidad artística que hasta ahora nunca pude encontrar en nadie a mi alrededor. Fue la época en que estaba leyendo Rayuela de Julio Cortázar. El plan funcionó demasiado bien: llegué tarde como siempre a clase y tuve la oportunidad de sentarme a lado de ella. La sonrisa me cautivó cuando la saludé con lo ojos. Tiene una cara dulce, armónica, redonda, con mejillas generosas y unos ojos grandes y  completamente negros. Eran en verdad completamente negros, un negro brillante pero profundo, comparable tal vez con el resplandor de un cristal en medio de la noche pulido. El brillo era peculiar, era sobrenatural, eran unos ojos pintados, unos ojos sin pupila, o al menos perdida en la oscuridad del iris. Mantuve mi cordura, y mientras hacía como si estuviera buscando mis notas, saqué el libro de Cortázar, esperando cualquier reacción. Estoy seguro que se dio cuenta, estoy seguro de que pudo leer el título sin dificultad, estoy seguro de que logré que ella se diera cuenta de que tenía algo de sensibilidad. Hablamos de los temas de la clase, trabajamos un par de copias juntos, nunca escuché su nombre.
Pasaron muchas clases, pero ella aparecía esporádicamente. Las veces que aparecía, me saludaba con una sonrisa. Sólo una vez, este semestre, cuando las clases se pasaron a los viernes en la noche (so long night life), pude hablar con ella. Algún recuerdo vago en mi cabeza registra que me dijo su nombre, pero no lo recuerdo. Simplemente estaba cautivado por esos ojos y esa sonrisa, y no puedo recordar nada. Cuando intenté centrarme y racionalizar realmente la situación es cuando puedo recordar algo del momento, y estoy seguro de que hace alguna doble carrera de cosas completamente distintas. Pero no recuerdo nada de lo que hablamos, nada de lo que hicimos, algún apunte sobre Supermán, alguna frase de un ladrón, cosas que no recuerdo.... estaba perdido en el poder de sus ojos, en el perfume, en el magnetismo de su sonrisa. La última clase fue frontal, fue impresionantemente suspicaz. Estábamos en extremos opuestos del salón con más de diez personas, y no entendíamos nada de lo que hablábamos. Cada vez que decían algo extraño, nos mirábamos a través de la gente y hablábamos con la mirada. Fue especial, fue una conversación completa con los ojos, ella decía "¿Entiendes algo de lo que dicen?" y yo le respondía "no tengo la más remota idea". Nuestros labios no tuvieron que hacer nada, nuestras miradas lo decían todo. Yo decía "estoy perdido y mareado".. ella respondía "no me pidas ayuda a mí". Esas pequeñas frases oculares continuaron por toda la clase. De repente llego ella- la anhelante (otra historia), y mi atención se disipó, y aunque ella no lo notó, sentí una aprehensión de ella hacia ella- la anhelante, y mi mente se preguntó si también ella podía leer mi pensamiento. La clase terminó, y nuestras miradas cesaron. Era la última clase, y con sus visitas esporádicas, tal vez podía ser la última vez que nuestros ojos se encontrarían. Nuestro sensei dijo que tomaríamos clases los sábados en vacaciones, y ella dijo que no podría asistir y dio sus razones. La esperé, quería poder sellar nuestra conversación oralmente, pero salió con velocidad. En el último momento se detuvo y habló con un compañero y yo estaba a su lado, me miró con sus ojos negros y brillantes por última vez. No recuerdo su nombre. "Espero que asistan, es en la Libélula Dorada"... Es bailarina de Ballet.

Mind Readers - Her Story (Finally)

So, I'm trying to get this scholarship for Japan for which I have to take this english test, and, since I've been thinking in making another english post for a while, I guess this is the perfect time.
I've always been able to think in english. I really don't know if that's another weird thing of mine or if it's something usual. But my mind usually goes in SAP mode and drives around. Perhaps its some sort of protection against south american mind readers. I've always had that kind of thoughts where I realize..."she must be able to read mind"... "try to read me know bitch". Now the thing's become even more complex since I've been learning japanese for over three years now (time passes really fast, I've thought a great deal on that lately), and some japanese words come faster in my mind than others. So, if there's anyone that actually has the ability to read minds, mine's gotta be the freakiest one. Actually, this gives space to render about the way thoughts come alive. Some expressions aren't available in some languages. There's not a single way to say "you" in spanish nor japanese. In most places, that kind of particles depend of the knowledge of the situation and the kind of relation between the people in a conversation, and there's definitely some curses that work better for certain moments.

These days had been different in all the senses. Not having to study, is not having a reason for leave home, and not having a reason to watch friends faces. I'm always thinking in writing, and there are so many things to write about, but then I turn on the TV, check facebook or play any video game around. So, this break had become quite banal. For some reason, facebook has become this necessity where I just try to find someone who does not exist, or just try to figure out someone else's life in the groups he's in, or in the photos, or in the way the profile is made. Its kind of pathetic looking at it objectively, and I remain hours and hours making random clicks at random people trying to belong someplace (I guess). So, sometimes, my mind is trying to fight that dullness. I think in my friends, think in my life, think in the time that passes. Sometimes I just feel the loneliness of my soul and cry at the sky for someone. I reaaaally need a girlfriend. Last time, she was really quite the opposite of what I am. This mature mind of mine, has never shown up in front of my university friends, perhaps because I'm scared of being outcasted as I once was, and having such a normal girl with me was part of that shield I was making. "She's tall... I'm tall", that's all I used as a motive for hitting on her. I was just trying to find out if I ever had any ability to seduce. My method worked amazingly fast, and she was on my arms in little time. A couple of months later, when she said "I love you", and I didn't had the guts to call my experiment off, and things drove out of control.  We where together for 8 months, a really long distance if one take in account the fact that I really had no feelings for her. I did this for a couple of reasons that just today South of The Border, West of The Sun, wrote by Murakami Haruki, helped me figure out. I just enjoyed holding her hand, giving a hug, feel her body next to me. It was pretty stupid to watch ourselves talk, because we talked about nothing. There wasn't really anything to talk about with her. Books? She never reads, Music? She's the opposite of me in music taste, Art? She has no idea of it, Politics? None, she's just the kind of girl who centers too much on her studies. She's in this little bubble she insist to maintain, where other things are just unspeakable. So, for me it was quite obvious things where going nowhere, but time passed and I never stopped it. Nevertheless, I'm pretty amazed by the fact that she never realized that I wasn't opening my heart for her. 
The day we broke up, was simpler than I had planned. In a class break, I took her aside, told her we need to talk. She broke in tears when I told her something I can't remember well about she being too square minded (I tried to use my words to make her the reason for the end), tried to keep herself together and returned to the class. Next we went to the place we used to eat. Its a crappy expensive place I always hated. I ordered the same crap I used to eat but she didn't. We sit, she listens, I said its over. She burst in tears and drown herself in her arms. I ate. I ate as peaceful as ever. She was next to me, crying, heartbroken, and I'm eating without rush. I was thinking in the fact that I didn't feel anything. She was crying and I offer her a peace of my meal. She was crying and I'm there, kind of happy. She took a little furry teddy bear I gave her and give it bak to me .. 'is not use now"... I took it. I was thinking as clearly as ever. It was a calculated heartbreak. Since I didn't want to hurt her too deep, I made a little drama, where I told her I once loved her, and I made my eyes wet when I left the place in the middle of a rain.
I got depressed. Not but the fact that It ended, but by the fact that I didn't feel a thing when I broke her heart. Depression because lack of feelings its quite unique, different, full with mind burner complexities that drives you mad. But, I got over it pretty fast, a couple of days perhaps.
Its easier to fix your mind than to fix your heart. She's never got over it. Even now, a year later, we don't speak to each other, not by that experience but by the fact that we had to work together for six months after it, but thats another story.
I guess mind readers must be from overseas to get anything for me.

miércoles, 4 de junio de 2008

Repeticiones

Es una sonrisa. Es esa sensación de que cuando me saluda quiere acercarse un poco más. Es esa idea mía de que tal vez ella disfruta mi compañía. Fue ese momento casual del que hablamos de demasiadas cosas sin importancia. Es difícil leer sus sensaciones, y es difícil también saber si su comportamiento es exclusivo conmigo. De repente son repeticiones de la misma inquietud que había olvidado hace ya demasiado tiempo.
Aún recuerdo ese momento, varios años atrás, cuando la idea de que algo pudiera nacer entre nosotros todavía cruzaba mi mente. El cumpleaños de la amiga común trajo consigo el alcohol. En un momento, de poca sobriedad, no dude demasiado en realizar un gesto de ternura que la amiga reconoció de inmediato. La homenajeada gritó al cielo por el miedo a quedarse sola y ella no entendió o no quiso entender, o tal vez el alcohol hizo que sólo yo lo recuerde. Se me paró el corazón, se agitó, en el momento en que existía la posibilidad de que esos sentimientos escondidos fueran revelados. La cosa no trascendió, las sensaciones se perdieron, disfruté la amistad como pocas veces, después de todo era normal preguntarse cosas. Nos alejamos un tiempo, y yo me involucré con aquel adefesio por otro tanto.
El tiempo ha pasado y el contexto es nuevo. Somos distintos, al menos yo, y siento la determinación de mi pensamiento, y una clara forma de pensar. Ella sigue igual, son los mismos gestos, la misma de siempre, incluso ahora más sometida al sistema. Pero en un momento, sin razón aparente, sólo volviendo a tener contacto con ella, recordé. Ahora me sorprendí un día esperando su llamada, esperando que tal vez ella quisiera tenerme a su lado. Divagaciones inútiles. La realidad es que somos los amigos de siempre, y eso continuará igual en el futuro. La soledad es la que me hace encontrar romance donde no existe, buscar compañía donde no hay lugar. Repeticiones de la imaginación. Ahora mismo la persona con la que pienso es otra, y en el segundo siguiente cambia. Son sólo imaginarios, modelos en mi cabeza, siluetas sin nombre. No era la mejor noche para escribir, pero supongo que vale la pena mejorar a través de las repeticioens.

martes, 3 de junio de 2008

Se busca Amor de Verano

Y si, después de escribir la última entrada y reconocerme en las mismas condiciones de siempre, he decidido que quiero tener a alguien a mi lado. Esta vez debe ser alguien que sepa reconocerme por lo que pienso y no lo que hago, por lo que soy y no por lo que tengo que aparentar. Una persona que sea capaz de penetrar mi mirada y descubrirme tal como soy, alguien que me diga que todo va a estar bien a pesar de que ya es un desastre. Alguien que me diga que tanto esfuerzo vale la pena, y que de nada sirve sollozar en silencio. Sólo pido una sonrisa, y una mirada cálida que me haga besarla y olvidarme de todo a mi alrededor. Romántico como siempre, aunque esta vez más maduro, más templado a punta de injusticia y ausencia de tranquilidad. Un amor de verano que me haga olvidar el pasado, y vivir el presente. Nadie lee esto, así que aunque estoy seguro de que nunca va a pasar porque fue leído aquí, debo escribir, que para más información se debe preguntar aquí :).


La Noticia

Para entender mis reacciones es complicado describir el contexto. Desde el momento en que empecé mi bachillerato el milenio anterior, nunca había perdido una sola materia hasta el día de hoy. Sin embargo, mi actitud relajada hizo que no me deprimiera por haber perdido. La rabia vino después, cuándo me doy cuenta de que tal vez era la persona en todo el salón que mejor conocía el tema. El tipo al que le preguntaban, la persona que resolvía inquietudes. Perdí por inocente, por confiado, por ingenuo, y no hubo forma de darle reversa.

Salí sólo, después de la noticia, para intentar asimilar la situación. En el camino me encontré con un amigo que lleva un par de años de atraso y perdió de nuevo todo. Estaba fatal, yo no tenía derecho a sentirme mal. Sin embargo, a diferencia de él, yo no puedo darme el lujo de esperar varios semestres más para graduarme, porque simplemente es imposible económicamente. El segundo tiempo del partido de la selección con Francia empezaba en unos minutos, así que entré en el lugar que más odio, donde ponen la música que más odio, y me tomé una cerveza mientras miraba el juego. Esta vez, (y tenía que ser esta vez que no tenía ganas de nada y no otra) una grupo de mujeres se sentó al lado mío, y era evidente que no estaban allí por el fútbol. Sin embargo, en el letargo del sinsabor que tenía, sólo tuve ojos para la pelota de fútbol y la cerveza que me entraba sin demasiada facilidad.
Salí de allá, algo mareado, sin una pizca de ganas de luchar, sin una gota de optimismo, y con ganas de ir a ningún lugar y quedarme olvidado en el limbo. Dentro de toda la maraña de pensamientos negros, alcé mi mano y tomé un bus hacia el centro testigo de mis pesares.
Esta vez tampoco me defraudó. Llevaba el portátil en mi mochila, y la reserva que esto me trajo me hizo al menos concentrarme un poco. Paré en la 23, dónde siempre paro, con la firme intención de ir a la Cinemateca Distrital. La función ya había iniciado, así que caminé un rato más y entré a una tienda de discos. No encontré nada fascinante, así que fue fácil elegir la opción de siempre y entrar al Museo de Arte Moderno. La exposición era sobre Rodin. El mismísimo Pensador en persona apareció frente a mí. La obra fue impresionante. El completo dominio de la anatomía humana es impresionante. Auguste Rodin junto con varios artistas me quitaron hicieron olvidar las guerras perdidas a punta de escultura dinámica. La obra de Rodian es fuerte. Sus siluetas no tienen texturas lisas perfectas del renacimiento sino que cuentan con una fluidez oscura que en la forma del cobre recuerda espacios macabros. Cuerpos dinámicos, músculos tensos en movimientos, y figuras andróginas que asombran al observador. La puerta del infierno es una obra de arte, sólo imaginarme todas estas esculturas en un sólo tótem monumental fue el único ingrediente necesario para regresarme el alma. Camine y me esmeré como pocos en intentar dilucidar la complejidad de cada escultura. Desde su concepción y la complicada interconexión muscular que bajo ciertas tensiones permiten ciertas poses que son modeladas a mano, hasta el complejo proceso de vaciado en cobre para lograr telas con movimiento. 
Siempre he sido sensible al arte, y era evidente que necesitaba algo como eso para seguir caminando. Una exposición sobre la estética de lo macabro, sobre el amor y los cuerpos, sobre los rostros y sobre la naturaleza dinámica humana. En el último piso estaba una pareja, y esa mujer me hizo recordar mi propia soledad. Nunca he encontrado alguien con quien compartir esta sensibilidad secreta, y darme cuenta de que ese tipo de mujeres existe me partió la existencia, y simplemente sollocé para dentro un aullido de injusticia. 
Al salir del museo no pude sino esbozar una sonrisa, y mi confianza me regresó de repente. Al subir en un transporte sentí de nuevo un par de miradas y mi ego creció. Al llegar a casa, no pude sino entrar en un estado de aceptación y rabia, pero esta vez conciliada y racionalizada.

La sonrisa del museo no es más que una forma de recordar que mi alma no esta gobernada por los cálculos abstractos que puede realizar una calculadora. Ese momento en el centro es lo que me hace distinto de todos mis compañeros. Ese éxtasis que me produce ver una figura de un torso en bronce es lo que después de todo me salvará de ser igual a ellos. Hoy pude volver a decir ellos, y yo soy un bicho raro entre ellos. La noticia resultó entonces ser un catalizador para retornar a mis bases sensoriales, y volver al centro de mi corazón, y al centro de mi alma.
Faltó algo, eso sí lo sentí. Quería tener alguien para poder derrumbarme, alguien para poder desnudar mi alma y mostrar la fuente de mis empresas. No tengo ese alguien. Y creo que por esa misma razón he empezado a buscar un alma compañera en lugares donde jamás pensé buscarlos. En fin, un día lleno de emociones que valía la pena ser narrado.

lunes, 19 de mayo de 2008

Impresiones en la recta final

No sé estudiar. Es la triste realidad. En un carrera donde el estudio es la base para intentar llegar a cualquier lugar, yo saco libros de texto y los uso de pisapapeles. Creo que no tengo remedio, funciono por motivación y hay cosas que simplemente no me motivan demasiado.
He cambiado, no sé si madurado, pero definitivamente he cambiado más de lo que me puedo imaginar. Solía ser aquel muchacho que hacía todos sus deberes sin falta y con diligencia, y poco a poco quise escapar de esa imagen de niño bueno que tenía de mí. Ahora soy un tipo altanero, despreocupado y desconcentrado al máximo, y una parte de mí quiere volver a tener ese sentido para hacer las cosas sin titubear. Tengo un examen importante mañana, como pocos en la historia, y perdí el fin de semana leyendo mangas y haciendo cualquier cosa para alejarme del tema. Ahora, en la recta final, me queda tal vez una hora de estudio pero no tengo intenciones de estudiar. Es una protesta mental, un rechazo ególatra a un tema que he llegado a odiar, y este sentido de odio ha venido poco a poco superando al ya debilitado sentido del deber que tengo.
Quiero descansar, conseguir una novia, probar mi juventud por variar. He empezado a perder la forma, me duele todo el cuerpo como consecuencia de un sedentarismo acumulado de demasiado tiempo atrás. Una mujer, unos labios dulces, una sonrisa desinteresada me dan un sentimiento de nostalgia por aquello que no se tiene. Mis compañeros se han convertido en mi familia. Una familia desigual, compleja, rara, y con frikadas de todos los colores y tamaños, pero al llegar al rincón donde siempre me siento se ha desarrollado un sentimiento de hogar bizarro. 
En fin, espero que con escribir pueda despejar mi mente y someterme a la voluntad del sistema académico que constipa tus intereses. Espero escribir la próxima vez sin una razón oculta o argumentos distintos que una pataleta nocturna. Los párpados me pesan, un café y la fría noche serán mis compañeros.

martes, 1 de abril de 2008

Zashiburi

A pasado demasiado tiempo desde la última vez que escribí. De algún modo me encontré inmerso en mis estudios y he dejado de lado este espacio. Al leer el contador me desesperanzaba reconocer que no tengo lectores a pesar de que este lugar no está hecho para ser leído. Son monólogos, son ideas, es la forma más adecuada de canalizar las frustraciones. Pero también es la falta de frustraciones: en el último par de meses me encuentro más a gusto con mi situación que en cualquier otro momento desde que empecé a pincelar mis ideas sobre tipografía digital.
He dejado de pelear contra la marea, para darme cuenta de que no existe una marea. Los prejuicios que tenía sobre el estereotipo en el que me estaba convirtiendo han desaparecido. Me estaba creando barreras mentales sin razón. Me siento cómodo entre las cosas a las que estaba reacio a asimilar dentro de mi vida. Soy lo que soy, no necesito cambiarlo, y mis urgencias por contacto social desapareció en la familia que se creó dentro de la facultad.

No sé si se puede resumir en resignación o en simple costumbre, pero de repente ya no me importa ir a conocer nuevas mujeres en los bares, ya no quiero seguir luchando por mantener una postura o una mirada que evidencie mi efecto sobre las personas al caminar. Simplemente me dejo llevar, dejo de revelarme, dejo de preguntarme. 
La vida es más tranquila ahora. Tiene menos arte, menos literatura, menos cine, pero es más tranquila. El trabajo y los vicios tienen su espacio reglamentario, la simple presencia de las amistades ahora convertidos en familia de todo el día son suficientes para retomar las labores y sonreír al mismo tiempo. He dejado de caminar al centro, pero ya no tengo esos pensamientos de soledad y melancolía bohemia que me invadían. De repente soy parte del sistema, pero no quiero volver a mortificarme pensando en que no pertenezco a él.

Ha sido un largo rato desde el último post. Creo que esa parte de mí que se enmarcaba bajo el seudónimo de Alonso Llosa ha dejado de aparecer por un buen rato. Creo que ha sido gracias a las amistades y los fuertes vínculos creados en esos espacios rutinarios lo que me ha permitido volver a relajarme, disfrutar de cosas que en otros lugares parecerían estúpidas, locuras de sitios especiales. La gente a mi alrededor se contagia del mismo sentimiento, después de la crisis de identidad de 4 semestre y el purgatorio del último año, este aparece como la tregua entre la carrera y la vida.

Ya era hora de que volvieras a escribir Jairo.

domingo, 24 de febrero de 2008

Encierro

Es interesante sacudir tus pensamientos para descubrir cosas nuevas que desconoces de ti mismo. Hay veces que me sorprendo de lo complicado que soy, y de lo trivial que aparento ser. Eso me atormenta: saber que mi interior está repleto de dilemas y trabas neuróticas cuando por fuera la gente me considera la persona más tranquila y pasiva para abordar las situaciones. Pero de nuevo, ¿de qué sirve mostrarse como un pensador cuando a tu alrededor no existe más que conformismo y desinterés en conocer lo que no es puesto ante nosotros? He experimentado por mucho tiempo esa sensación de no pertenecer a ningún lugar, y mis empresas por encontrar más personas que tengan algún pensamiento distante no han sido efectivas. Me encuentro con lo mismo por todo lugar, gente influenciable, sin criterio propio. No busco necesariamente una persona cultural, pero si un carácter firme que tenga la mente abierta y sepa apreciar las cosas más simples. Pido demasiado tal vez, lo cuál se combina con esa ceguera superficial que no supero y se transforma en una utopía inalcanzable. 
Soy el amigo del ambiente. El que sabe manipular las palabras y sabe burlarse de sí mismo. Poco a poco luché por perder el aire místico del académico, y ahora soy todo lo contrario y me burlo del exceso de conocimiento enciclopédico que admiraba de mis primeras historias de Julio Verne. Eso soy, el tipo que canta y baila, el que molesta en clase, el que se duerme en las clases, el que hace dibujitos en clase. Eso creen que soy. Soy el músico, pero eso es todo lo que saben, y no quiero mostrar lo complejo que puede llegar a ser escribir una pieza. Me muestro así, me muestro distinto a lo que escribo. Esa dualidad es extraña, tal vez es el sujeto divertido el que aparenta tener una mente profunda. Tal vez el que escribe no es el mismo que el que vive, el que respira. Tal vez Alonso Llosa es un simple álter-ego, y no un simple seudónimo. Tal vez ninguno es real, tal vez nada es real, tal vez es la simple expresión de la multiplicidad de mi personalidad. Pero ser tan diverso es confuso, y parece que solo escribo en momentos de confusión. Debo escribir una historia con sentido, debo hallar el storyboard de mi vida. Locura pasajera, el encierro no me conviene.

viernes, 15 de febrero de 2008

Escribir - Quimeras

Escribir por escribir. De algún modo escribir es una razón por si misma para iniciar el movimiento de mis dedos sobre el teclado y aunque el verbo no se adapte a la acción de la digitación, el placer mental es el mismo. La ventaja de este espacio es sin lugar a dudas el hecho de tener un solo lector. Parece impresionante que hubiese sido tan visionario al principio de este blog y resultara ser escritos para mí mismo, sobre todo para alguien que no tiene demasiada visión a futuro sobre sus proyectos. Igual, nadie me juzga, soy yo y escribo lo que quiero, y me descubro a través de mis propias palabras. 
Otro viernes con unos tragos encima tal vez, pero con un sentido de pertenencia de mi existencia que pocas veces poseo. Un Karma extraño que no me dejó terminar la noche con una sonrisa completa y algo en el aire me atormentó la velada, pero la confianza se mantiene a pesar de los obstáculos de la noche. La luna es creciente, y en unos cuántos días será luna llena y aún no encuentro a alguien que se percate de ello. La música de hoy fue llena psicodelia eléctrica y funk, y no pude detener el impulso de bailar sin inhibiciones. Ahora tengo la certeza de que tengo la mayor iniciativa de todos mis amigos, tal vez incluso el carisma, y definitivamente el inconformismo. Ser líder tal vez es una cosa natural.
(Woa, esa palabra... hoy ví una primera parte de Zelig de Woody Allen... alguién lo describió como ¨The Ultimate Conformist¨.... un sujeto que cambia de forma para no sentirse fuera de lugar. ¿Qué tan inconformista soy entonces?... Debo terminarla cuanto antes)

Ah noches pensativas las que me atormentan de vez en cuando. El silencio de la noche no es respetado por las millones de sinápisis que mi cabeza y el chillido en mis oídos me desespera. El olor a cigarrillo se concentra en las ropas que traía de forma notable, y el cansancio en mis piernas no me deja moverme. Sentirse distinto a los demás, querer consolidar esa personalidad, pero sin embargo navegar de nuevo en las aguas de los otros para pasar desapercibido. Soy diferente sí, mis velas son de otro color, pero navego por los mismos vientos que todos. La superficialidad de mis ojos me sorprende, pero está tan arraigado en lo más primitivo de mi subconciente que no puedo reprimirlo a voluntad. Es una extraña sensación, saber que los círculos que me rodean me satisfacen de algún modo, pero nunca evolucionaran. Quisiera empezar de nuevo, al menos pegarle un sacudón al mundo que frecuento y al menos poder comparar con algo. Pero no funciona así, el tiempo y espacio se ponen de acuerdo para cercar profundo mi camino del camino que pretendo. Abstracciones sin sentido, Rayuela sin ascenso, colores sin intensidad, metáforas perdidas de repente. Zelig camaleón, mundo de quimeras, otro más sin identidad.

lunes, 11 de febrero de 2008

Regreso

Hace un tiempo que no escribo. Hay varias razones por las que sucedió, y entre ellas el darme cuenta de que nadie me leía, aunque recuerdo bien que empecé este espacio sólo por el ejercicio de escribir. De todas formas no ha sido lo más importante, y la verdad es que he tenido tiempo para repensarme mi vida de muchas formas, por lo que de repente un post parecía una cosa del pasado o simplemente una etapa superada. Sin embargo ahora reaparezco, tal vez por necesidad o algo circunstancialmente, y las palabras fluyen sin reparos y con una sinceridad absoluta.

No sé si he cambiado. Los cambios bruscos se sienten, pero cuando la cosa ha sido paulatina la adaptación es progresiva y el cambio asimilado. De todas formas me siento distinto a como solía sentirme apenas unos meses atrás. Es impresionante lograr reconocerte en tus propias palabras, reconocer tu pasado, descubrirte como a un extraño y recordar el momento en el que esas palabras salían de tí. Si, definitivamente he cambiado, y ahora soy un hombre satisfecho por su actualidad y sin apuros en su accionar que le permiten llevar una vida sin pesadumbres y con suficiente cordura para sentir su alma tranquila. En todo esto tiene demasiado que ver la música y me sorprende. Recuerdo que el momento más depresivo de mi historia fue cuando dejé de hacer música, y ahora que estoy con un impulso de composición nunca antes visto mi mente vuela tranquila por la creatividad, y ahora siente que puedo hacer cualquier ritmo en la batería, y pasar horas y horas tocando con los ojos cerrados y olvidándome del mundo. Es una cosa seria mi relación con la música.
En fin, esa satisfacción de mantenerme musical me brinda una especie de visión externa de mi mundo especial. De algún modo tengo cierta seguridad de tener descifradas a todas las personas con las que convivo, y poseo ahora una fortaleza en mis decisiones que me permite liderar las actividades diarias alrededor mío. Suena enredado, no me siento mejor que nadie, pero si siento que puedo obtener una visualización global de todo lo que sucede a mi alrededor sin espantarme, y saber lo que tengo que hacer con cabeza fría. Todo esto a costa de que le he perdido interés a la situación académica, pero mucha prioridad a las personas que veo todos los días.
Toda esta seguridad desbordada quedó plasmada en el último viernes, donde tuve la fortaleza suficiente como para entrar a un lugar y sentarme en la barra solo a tomar cerveza y a escuchar música. Fue extraño saber que estaba allí por voluntad propia, no por estar afligido, o por no tener a quien me acompañara, sino simplemente porque quería, porque soy más individuo que nunca, porque estoy seguro de lo que soy aunque no lo pueda definir. Es extraño ver a alguien en la barra por cuenta propia, y es normal que la gente piense que se trata de alguien rechazado y sin voluntad, pero me sentía grande, poderoso, y de algún modo lograba descifrar las intrincadas tramas de las situaciones de las personas a mi alrededor. Era intuitivo, sistemático, y reconocía las intenciones de todas las personas que alcanzaba a divisar. Es una cosa mágica, sin igual, libre. 
Libre, si libre, esa era la palabra que buscaba para describir mis pensamientos. Solo me atan los ocios del mundo moderno, pero no limitan mi creatividad. Los tiempos son suficientes, mis amigos son suficientes. De repente veo que no necesito de una mujer con la urgencia que creía, y que son simples necesidades que la locura se va creando, para combatir la ansiedad y el encierro de la vida universitaria. Es gratificante escribir cuando no se sienten problemas, y espero poder leer esto y recordar que me sentí algún momento de la historia en plenitud y armonía con mis demonios internos.