sábado, 12 de noviembre de 2011

Y llegó el día en que por una circunstancia u otra tuve la excusa para retarme a volver a escribir. Me paso a papel y lápiz para encontrar mi estilo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Pasos

Llévala a la Candelaria. Muéstrale que la conoces como la palma de la mano. Enséñale el café oscuro donde sirven el mejor capuchino de la ciudad. Enséñale los nombres de las calles, muéstrale la iglesia con el cuentero. Protégela de los metachos con cajas de alcohol en las manos (cabellos largos y rizados, camisetas de Iron Maiden, chaquetas de jean rasgadas o cuero). Cómprale un postre, deja que se haga de noche. Descubre que no sabe lo que es un Cronopio.  Deja que hable de Coelho y los libros que leyó en el bachillerato. Deja que termine el café. Llévala a tomar transporte. Borra su número de teléfono. Lee Hemingway. Toma el próximo café solo.

martes, 20 de septiembre de 2011

Supongo que podría empezar diciendo que el tiempo es relativo y que las cosas nunca se olvidan, como aprender a patinar o montar en bicicleta. Podría justificarme diciendo que me volví mejor lector, que ahora estoy convencido de que pertenezco a esa extinta raza de los que se gastan la mitad del sueldo comprando libros. Podría decir que el desgaste de la vida laboral extinguió mis energías nocturnas y la sensación melancólica que funcionaba bien para inspirarme en tergiversaciones acerca de la soledad e inspiraciones románticas de anhelos de mujeres inexistentes. También puedo decir que por un tiempo no tuve necesidad de un espacio amplio de expresión porque la tuve a ella siempre a mi lado para dejarme hablar en los pocos momentos de inspiración, cuando me salía la verborrea con medio tinto. También existe la posibilidad de justificarse diciendo de que la música y la búsqueda de nuevas sonoridades ocuparon la mayor parte de mis necesidades artísticas, si es que existe tal necesidad... en realidad solo tuve 4 meses de extrema fascinación y disciplina por la armónica, y luego un mes por cada instrumento nuevo que fui comprando... lo cual no justifica tanto tiempo sin escribir.


Es extraña la manera como vuelve la inspiración. Efectivamente la soledad es uno de esos disparadores que facilita que pueda escuchar mis propios pensamientos. Leo Hemingway y me gusta, y esta vez no tengo con quién hablar al respecto. Esa necesidad interna se traduce en ganas de explorar, de escribir, de hacer música. Una hora tocando la melódica, recordando La Pantera Rosa y La Chica de Ipanema, un cuento sobre fútbol, una hora hablando de inspiración, revisar las partituras que tanto odiaba en el conservatorio y que ahora me recuerdan los tiempos en donde la música era un oficio para mí.



Las condiciones son diferentes. Definitivamente no soy el mismo indeciso adolescente tardío de los primeros posts de este blog, aunque debo admitir que escribía bastante mejor de lo que creo que puedo llegar a escribir hoy, con toda la mentalidad pragmática de tanto tiempo sin intentar buscar metáforas todos los días.

Acabo de enviar al magazine del Espectador una editorial corta que publiqué en un foro de fútbol argentino que gustó mucho. Todavía creen que soy argentino, y me dicen el filósofo del foro. Jamás había pensado en unir el fútbol con las ganas de escribir. En fin... esto solo para decir (decirme) que vuelvo a intentarlo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Tengo una guitarra, un saxofón, un redoblante, una armónica, una gaita pequeña, un tambor pequeño, una organeta vieja, una melódica, unos platillos, muchas baquetas rotas.... quiero un acordeón, una trompeta con sordina, un clarinete, un banjo, un Les Paul, un xilófono y muchos micrófonos.

Llega un punto en la exploración musical en que hacer ruido en la batería con una guitarra pesada, un bajo y un sujeto peludo y gritón no es suficiente.
Melodías estériles empiezan a envolver los sueños en medio de los gritos del asfalto.

jueves, 21 de octubre de 2010

Excusas

  1. La tesis fue como una traga maluca: pensaba en ella día y noche, trasnochaba incesantemente, soñaba con sus curvas; cuando algo funcionaba habían sonrisas y mariposas en el estómago, pero rápidamente me volvía a desilusionar cuando no salían las cosas, el sinsabor de la existencia se apoderaba de las noches. "No había tiempo ni para los amores".
  2. El trabajo: 8AM a 6PM. Inicié Manscupio suponiendo que las tardes iban a ser mías y con la idea de recolectar personajes en medio de todo. El cansancio de no hacer nada. 8 horas frente al computador, de corbata y zapatos lustrados, de pelo corto, de dolores de estómago retenidos, de reuniones, de estupideces, de compañeros de trabajo sin vida. Al final se llega a casa y no se quiere pensar... hasta resulta a veces atractivo prender el televisor y dejar morir el tiempo hasta la hora del sueño.
  3. La impaciencia, la falta de encontrar algo bueno para contar. Parece que con el trabajo la vida se pasa sin sobresaltos, sin cosas interesantes. A las 7pm de cada día, pareciera que no hice nada que valiera la pena para el mundo, aunque los patrones ganan dinero y se limpian las hemorroides con billetes que tienen la sangre de los esclavos de la compañía. "Eficiente, proactivo, lambón y jodido".
  4. Después de un tiempo, enfrentar la pantalla en blanco es más difícil. Se vuelve a la fuerte autocrítica de la primera vez donde el afán por la perfección hace descartar cualquier redacción que no parezca de un escritor. Se postpone la escritura, se aplaza la lectura, se deja para cuando parezca apropiado. Tal vez 8 meses después.
  5. Perdí demasiadas noches por mirar El Encantador de Perros.
  6. Perdí la capacidad de vivir en las noches.
  7. Me volví mejor lector con la esperanza de tener alguna herramienta adicional para mejorar la escritura.
  8. Lo último que escribí parece demasiado bueno para ser mío.

8 meses de excusas... eso es la definición de procrastinación.

domingo, 24 de enero de 2010

Manscupio

Entré a trabajar. Tanto tiempo estudiando algo que no me apasiona y se reduce a esto: conseguir un trabajo cómodo y bien pago que me permita hacer las cosas que siempre hago. Cuando supe que estaba en la facultad equivocada llegar a este punto fue una de las razones por las que decidí dejar mis prejuicios en una esquina y sumergirme en un mar de tecnicismos (mi madre no entiende mi tesis). Es inevitable sentirme como una puta, pero ahora sé mejor que antes que una puta tiene los mismos dilemas que cualquier otro empleado. Un trabajo repetitivo, fingir una sonrisa, rebuscarse algo que apasione en medio de la monotonía.
De todas formas, y por exceso de mamertismo, me siento fuera de lugar, y como buen observador de la estupidez humana, he decido crear un espacio para burlarme y rajar de la vida en corbata de las plásticas oficinas del mundo capitalista.

Presento a mis pocos lectores, Manscupio.