lunes, 22 de diciembre de 2008

PD

Soy un melómano que creyó que el futuro era demasiado importante.
Soy el caminante anónimo de la multitud.
Soy el fotógrafo de lo cotidiano.
Soy el ermitaño sin montaña.
Soy el escribano de la soledad.
Soy el cantante sin público.
...


Al menos soy algo.

martes, 16 de diciembre de 2008

Waking Life

Tal vez una de las películas que más aprecio, y de mis favoritos secretos. El saber que este tipo de narraciones me halla tocado, es una seña más de que mi cabeza está perdida en un lugar donde no puede expresar todo lo que quiere explorar. Fue demasiado refrescante encontrarse con un estilo de narración visual diferente, y con una historia tan particular. Junto con Befores Sunrise y Before Sunset, conforman ese grupo de películas que marcaron mi diferencia en gustos con la película comercial promedio, y, tal vez más importante, me dejó ser, al menos por hora y media, partícipe de conversaciones que valen la pena: Richard Linklater con Waking Life. Una sutil forma de mostrar pensamientos a través de un mundo de sueño. Vale la pena resaltar además la hermosa banda sonora hecha completamente por un grupo de cámara de tango.








How Soon Is Now

The Smiths- How Soon Is Now

A song I kept listening for about two months now... so real it hurts. A short lascivious lyric, and a sensorial experience. Enjoy.


I am the son
And the heir
Of a shyness that is criminally vulgar
I am the son and heir
Of nothing in particular

You shut your mouth
How can you say
I go about things the wrong way ?
I am human and i need to be loved
Just like everybody else does

I am the son
And the heir
Of a shyness that is criminally vulgar
I am the son and heir
Oh, of nothing in particular

You shut your mouth
How can you say
I go about things the wrong way ?
I am human and i need to be loved
Just like everybody else does

Oh ...
Oh ...

There's a club, if you'd like to go
You could meet somebody who really loves you
So you go, and you stand on your own
And you leave on your own
And you go home, and you cry
And you want to die

When you say it's gonna happen "now"
Well, when exactly do you mean ?
See, i've already waited too long
And all my hope is gone

Oh ...
Oh ...

You shut your mouth
How can you say
I go about things the wrong way ?
I am human and i need to be loved
Just like everybody else does

Ok ?


domingo, 7 de diciembre de 2008

Coltrane

One of the things I like about Buddhism is the concept of Enlightenment . Through meditation, and other pads teach by buddhist, one is able to reach a state of mind of prime intuition, direct knowledge, leading, perhaps, to the fact that everything is an illusion, suffering is something mental. I wish I could have a clear mind to get to stop thinking, but I can't, and the idea of trying meditation has always seem like a fair chance to find myself in another sphere.
Probably, a dog will have a good shot to get to that selfless state. For me, the words are the reason that makes it difficult to achieve any kind of higher knowledge. I speak out loud in my mind, in different languages, but always through words... its simpler for a dog :)... I remember that the problem of the words was one of the core issues in a lot of Cortazar's Rayuela chapters (my favorite book).
Anyway... I was talking with someone about this kind of issues, and then I remember a couple of times where I actually get to a point where I felt like I had left my body and just get in touch with some sort of prime intuition sphere, astral sphere, something higher.
One of those times was when having a jazz jam, playing saxophone, talking in notes, expressing myself through melodies, and nothing else, nor words or languages, just notes, not even thinking in my hands, just letting things flow, my senses where numb, a magical moment, where my fingers where always on tune, and the sounds stop being notes to become feelings. 

The second time was thanks to Coltrane while listening to the first part "Acknowledgement" in A love supreme. For a second there, my head stop thinking, and the saxophone became the road for my mind... hard to describe. Lets say I got some taste of Enlightenment, or at least the closest I ever been to a different state of mind.




A lot of things had been said about John Coltrane. The bottom line is, he was a master mind with a troubled soul, and he had the power to express himself in a sincere way. He came late in my life, but came really strong. Some people even see him as some kind of Dalai Lama, and even have a John Coltrane church... not so sure that was his original plan, but there's definitely something different about his jazz. So, here are some more tunes to catch up. Enjoy.


John Coltrane Quartet - My Favorite Things




John Coltrane - Naima




miércoles, 3 de diciembre de 2008

Down

De nuevo estaba solo. De nuevo estaba la acera, el cigarrillo, mi música, y yo. De nuevo caminaba por caminos que conocía de memoria, a través de los muros pintados de grotescas figuras, testigos de mi soledad como pocos, paredes que me han visto pasar, siempre igual, siempre sin compañía, siempre burlones. La gente a mi alrededor, los rostros felices, las caras de rutina, y mi pecho dolorido sin descanso. Era un ente más, un sujeto más, nada especial, algo invisible. Llegué hasta la biblioteca, al frente del café y del museo. Dejé que el humo me aceitara la mente, y esperé a que la belleza de la locación me calmara los nervios. Los sentidos perdieron agudeza, y entraba en un limbo donde sólo se escuchaba el aleteo de la sangre en mi cabeza. Con la vieja cámara decidí tomar imágenes del tiempo. De la colección que pretendo crear, al menos una fotografía debe ser lo suficientemente buena para que la muestre al exterior, y ya que no tengo medios para aprender de otros, empezaré a tomar el asunto en mis manos. Entré al museo buscando lugares nuevos, y encontré una exposición de arte moderno. Sin embargo esta vez no me detuve a encontrarle el significado a las sillas torcidas y las fotografías en lugares extraños, tenía una misión: encontrar poesía.

La idea sonaba simple. Leer Jhon Keats, un poeta que Cortázar también leía y a quien admiraba, un sujeto que según escuché tenía la sensibilidad para identificarse conmigo, con un pensador agobiado de excesiva conciencia. Ahora que se terminó la rutina, mi mente da vueltas sin parar, pensando una y otra vez en la soledad, en dejar de pensar, en la soledad del que piensa demasiado, en la resignación del solitario que piensa demasiado, en la mente insaciable del pensador solitario cuya mente da vueltas sin parar. A veces quisiera tener un antídoto, una manera de detenerme, de sedarme, de tener una vida sin palabras, en tener una mente muda, en disfrutar la cosas triviales que parecen ser suficiente para los demás. No encontré a Keats, y me tropecé con Baudelaire. No encontré el antídoto para dejar de ser lo que soy... tal vez solo la muerte sea anestesia suficiente.

Sólo quisiera apagar las luces, seguir escuchando a Bessie Smith, y dejar que el vino se llevara mis desvaríos y mi conciencia. Una larga conversación nocturna me hizo recordar los verdaderos dolores de la soledad. La rutina de la universidad, las neuronas ocupadas en solucionar cuestiones académicas, me habían evitado el suplicio de ser Alonso Llosa. El blues hizo que mi pecho terminara de sumergirse en un mar de espinas, y cuando Bessie cantó Take it Right Back, el sentimiento me sumergió en el dolor completo. I'm down, my chest hurts. La gente me busca para que les arregle la vida, y no puedo arreglar la mía. Es una lucha entre saber que la soledad es lo único para mí, y una parte que se resigna a creerlo. Admitirlo no significa que lo haga menos doloroso, menos tormentoso. Es un gran desierto donde solo yo recorreré las arenas, y el sol me devorará poco a poco las entrañas. No encontrar refugio más que en mí mismo, hace que los gritos queden ahogados debajo de la arena. 

Lo más difícil es saber que mi máscara todavía continua puesta, que nunca me la voy a quitar, que para el mundo seguiré siendo el mismo sujeto alegre y lleno de empatía, y que nadie sabrá jamás de las noches sin sueño y las lecturas secretas.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Monológico

Mi expresión se deteriora, mis palabras se reducen. He dejado de lado aquello que me impulsaba a sacar aquello que me atormentaba por las noches. Poco a poco dentro mí sé que está pasando aquello de lo que he intentado alejarme: me resigno. Dejo que pase el tiempo, dejo que la rutina dicte mi vida. Sin darme cuenta, he reprimido mis impulsos por alejarme de los círculos de siempre, he dejado que la llama que me hacía diferente perdiera su fuerza. Las caminatas, las pequeñas batallas ganadas pierden cada vez más significado. La soledad me consume mientras mantengo la sonrisa de siempre. La música me guía a lugares que quisiera explorar, pero la necesidad de crear se va desvaneciendo, desvanezco, pierdo aquello de lo que me sentía orgulloso.

Quiero culpar a la soledad. Hay una parte de mí que no puedo explorar con nadie, una serie de pensamientos que no puedo cultivar porque no existe un terreno fértil para hacerlo. Cada día tengo esa necesidad de sentirme conectado, de estar en algún lugar, pero cuando miro a la gente que aparece, se hace más fuerte la sensación de que no pertenezco, y sin embargo, sigo ahí, y me obligo a pertenecer, me obligo a dejar de ser. 

La mismas palabras recorren mi cabeza una y otra vez: estoy rodeado de gente y soy el ser más solitario. La soledad es lo mío. Caminar por ahí, sin destino, tomar un café, mirar el atardecer, mirar los edificios, dejar que la lluvia toque mi piel... son cosas que aprendí a disfrutar solo, y aunque suelo crear unos extraños escenarios donde tengo alguien a mi lado, la verdad es que la compañía haría del momento algo diferente. Pretendí ser demasiadas cosas y me quedé sin ninguna. Ahora todo es imaginación, y cuando la razón la ataca, sólo queda la desesperanza. Tal vez sea eso, perdí la esperanza. Acepté que siempre estaré solo, que nadie más reconocerá en mí las cosas que me definen, y el mundo sólo conocerá la brillante máscara que me formé. Así que ya no me molesto en buscar reacciones especiales en la gente, simplemente recorreré mis lugares dejando que alguna fotografía me conmueva, aprenderé a no compartir mis recuerdos, a que los pensamientos son míos, que los dilemas son propios, a que puedo alimentarme solo. Tendré que aprender a soportar el dolor que admitir la soledad trae, pero es mejor aceptarlo rápido antes que crearme ilusiones. Si, creo que con esto queda claro: perdí la fe en la gente. Aparentemente no existen personas que crean que la vida sea algo más que lo que aparece en sus narices, no aparece nadie que crea que la vida hay que pensarla. Tal vez es simple rabia, acumulada por tanto tiempo de no encontrar algo que me de esperanza. Tal vez soy yo, que dejó de lado el camino de aquellos que dejaron de hacer preguntas hace mucho tiempo.

domingo, 16 de noviembre de 2008

El Cielo y la Ciudad

Terminó más rápido que de costumbre la pequeña clase que dicta los sábados porque no quería que lo atrapara la lluvia en un intento más de llegar ha ningún lugar en una de sus caminatas sin destino. Siempre dicta esa pequeña clase como forma de agradecerle a su profesor de idiomas las clases gratis que suele darle, y aunque tome demasiado la noche anterior, y aunque a veces no llegue a casa, la mañana del sábado no puede faltar a la cita. El mediodía era un típico mediodía bogotano, suficientemente claro para convidar a los transeúntes a salir, pero suficientemente nublado para esperar un diluvio. Desayunó tarde, y sin demasiada prisa por la comida del mediodía, prendió un reproductor de música viejo, y escuchando una elección propia de rock independiente británico, y empezó a caminar de nuevo hacia el sur por la acera principal, sin saber a donde lo llevaría esta vez el impulso de caminar. Esta vez, a diferencia de la mayoría de veces, lo único que cruzaba su mente eran las melodías y las letras de las canciones vibrando en el par de audífonos, y mientras daba un paso, sus manos seguían el recorrido de los trastes imaginarios de una guitarra imaginaria, y tomaban con fuerza las baquetas imaginarias de una batería imaginaria, mientras cantaba a un volumen suficientemente alto como para que lo consideraran un loco.
Caminó más lento que de costumbre, tal vez esperando que la hora de la comida o la amenaza de lluvia terminaran por quitarle el impulso de adentrarse en la ciudad, pero la indecisión se desvaneció, y encendió un cigarrillo en un kiosco en el momento en que empezaban a caer gotas de cielo. Se quitó los lentes, tomó un par de bocanadas de humo, y subió el rostro, disfrutando la forma en que las gotas frías tocaban su piel. Siguió caminando, y disfrutó el momento hasta que sintió que el vértigo de la lluvia aumentaba fuertemente. Buscó refugio rápido en un techo corto a la entrada de una panadería cercana, y terminó el cigarrillo mientras la gente corría de un lado para otro buscando escapar del agua. 
El tiempo pasó al ritmo de la música que escuchaba, el salpicar de las gotas sobre los charcos lo mantuvo distraído por un buen rato. Estaba serio, distante, miraba el cielo, miraba la gente correr. Pensaba en lo poco preparado que estaba para un cambio de clima, pensaba en que tal vez su camino terminaría ahí. Examinó el interior del local. Un par de mujeres estaban refugiándose del cielo, compraron unos panes, y hablaban de algo que no podía distinguir mientras que se reían nerviosamente después de que él las mirara sin ningún interés en particular. Una niña pequeña, con unas botas de caucho y un trapero viejo estaba determinada a combatir la entrada del agua al sótano. Una niña más pequeña aún llegó hasta la puerta, habló sobre un aguacero y le regaló una sonrisa. Cuando él le devolvió con la misma sonrisa, el par de mujeres se conmocionaron, tal vez porque lucía demasiado distante y frío como para sonreír.
El tiempo pasó, compró unas galletas con chocolate con la intención de engañar a su estómago, y observó las noticias de un televisor dañado. Cuando sintió que la lluvia cedía, salió del local y caminó con las manos en los bolsillos de nuevo por la acera. Esta vez el agua lo empapó en cada centímetro seco, y el agua inundó el interior de sus zapatos de tela. Volvió a subir la mirada y sentir las gotas sobre su rostro. Tomó otra estación, y se puso a bailar al ritmo de Futureheads en las escaleras de un edificio viejo. Un sujeto con pocos cabellos en su calva, se tapaba con una agenda la cabeza. Siguió caminando, observaba la gente refugiada, los carros nadando, los árboles inquietos. Entró en un centro comercial, esperó otro rato más al frente de un banco, llegó al frente de un museo y decidió regresar. Tomó el bus, se sentó al lado de una mujer con una perforación en el labio, una chaqueta de jean, y un gorro azul. El diluvio hizo que el tráfico fuera extremadamente lento y en el punto de mayor afluencia vehicular, un par de carros de bomberos termino por paralizar el flujo. Cerró los ojos y se dejó vencer por el tedio y los gases nocivos de los carros. La mujer a su lado también parecía dormir, aunque sintió que se apoyaba cada vez más en él de manera intencional. Llegó a su casa una hora después, cansado, mojado, y sin demasiada satisfacción. El cielo no quiere a la ciudad, e hizo lo posible para convencerlo de su posición.