Soy el ingeniero que lee Kafka.
El rumor de la humanidad te arrastrará aunque te tapes los oídos y te alejes de la ventana. Los sonidos familiares de tu casa se llevaran prematuramente los gritos de tu mente intranquila.
Fumo porque me aceita las neuronas. La dulce intoxicación pulmonar es una manera consiente de repudiar la realidad corporal y la esclavitud intelectual. No hay frustración ni resignación, ni siquiera una búsqueda especial de sentido o un odio real por las sonrisas de la sociedad. Solo un andar inerte en el río del tiempo humano. Una piedra más en el fondo del caudal planetario. Un insignificante pez más en un cardumen de anchoas.
Hay algo hermoso en el anonimato de las miradas. La primera vez que leyó El Hombre de La Multitud pensó que se trataba de otra historia obscura de Poe. Se dio cuenta, sin embargo, que en la historia existen personajes que necesitan las masas para no afrontar el mundo. En mi caso, después de recorrer las calles con un verdadero hambre de ciudad, éstas se volvieron ahora caminos conocidos y valorados no por la aventura de flaneur sino por el anonimato de los rostros. No busco que las multitudes dirijan mi camino, busco perderme en las miradas anónimas, mezclarme como un personaje del escenario y desaparecer. Ser completamente único, completamente solo, y zambullirme sin preámbulos en un mundo sin rostros.
lunes, 19 de marzo de 2012
domingo, 11 de marzo de 2012
Leer afuera
Kafka pensó en un animal. El topo era perfecto para los monólogos y la descripción a partir de los sonidos. La cucaracha era perfecta para describir el encierro de la familia. La alegoría del caballo era demasiado evidente.
J. pensó en iniciar por describir la escena del café. Nunca se había percatado que a veces no era necesario delinear el escenario más que por algunas pinceladas. Lo importante era marcar el tiempo de la acción. Tendría que utilizar correctamente las palabras requeridas para documentar el paso de los segundos.
Kafka en Praga. La ciudad que conoció de primera mano la historia europea sin ser la protagonista de los libros de historia. Sufrió de las inclemencias de las guerras, hambrunas, invasiones, tergiversaciones ideológicas, socialismo, capitalismo, feudalismo, estupidez. Kafka pertenecía a esa raza capaz de entender el dramatismo del alma humana sin caer en el fatalismo del alma rusa de Dostoievsky, sin caer en el optimismo romántico del renacimiento francés, sin el sensible fatalismo de occidente. Cuando un occidental lee a Kafka, no encuentra Nihilista. Cuando un oriental lee a Kafka lo encuentra ridículamente neutro.
J. se quitó los lentes. Su miopía era la misma miopía de los pintores impresionistas. A la distancia, en las horas de los árboles iluminados por la amarilla luz artificial del farol de la avenida, reconoció la caricia del viento frío de la noche en la ciudad. A más de tres metros, las imágenes parecían más pinceladas que fotografías, y los rostros eran versiones difuminadas de retratos en pastel, sin bordes. Prefería su visión difusa a un mundo perfectamente delimitado. Solo se preguntaba cuántas estrellas más veían los demás en el cielo.
Parejas. El hombre tiende a juntarse en pares. Solía observar con detalles las expresiones corporales a su alrededor. En la noche, el café solía llevarse de parejas que intentaban ocultar sus intenciones tras una conversación. Un hombre en un costado de las pequeñas mesas circulares y al otro lado una mujer. Al sentarse, se traza una línea invisible en el diámetro de la mesa que no pueden atravesar las manos de los jugadores. El juego inicia con cada pieza del tablero en su costado.
Piden algo de tomar. Las blancas mueven: el hombre propone un brindis y lleva la copa hasta el borde de su territorio, adentrándose por primera vez en las defensas todavía expectantes de las fichas negras.
Las negras mueven: responden con un cierre temporal del tránsito por el canal de acceso, se cruza de brazos y toma un sorbo de coctel mientras mira a otro lugar.
J. identifica el turno en el tablero del el ángulo del tronco del cuerpo de él sobre la silla. Es matemático. En cada maniobra, el jugador intenta acercarse más al terreno contrario, y su ángulo pélvico se reduce. Al terminar la jugada, el ángulo vuelve a su posición inicial o se torna obtuso en una jugada de defensa.
J. se toma un sorbo de cerveza negra. La cerveza negra y el Tom Collins son los únicos placeres por los que le interesa conservar un mal pago trabajo de oficina. Se acaba la gasolina en su encendedor y desiste de prender un nuevo cigarrillo., Se tiende sobre la silla incómoda y su ángulo pélvico es ahora obtuso: era el turno de la soledad.
Kafka se burla del hombre en 1912.
Se acaba la cerveza negra y pide la cuenta.
J. pensó en iniciar por describir la escena del café. Nunca se había percatado que a veces no era necesario delinear el escenario más que por algunas pinceladas. Lo importante era marcar el tiempo de la acción. Tendría que utilizar correctamente las palabras requeridas para documentar el paso de los segundos.
Kafka en Praga. La ciudad que conoció de primera mano la historia europea sin ser la protagonista de los libros de historia. Sufrió de las inclemencias de las guerras, hambrunas, invasiones, tergiversaciones ideológicas, socialismo, capitalismo, feudalismo, estupidez. Kafka pertenecía a esa raza capaz de entender el dramatismo del alma humana sin caer en el fatalismo del alma rusa de Dostoievsky, sin caer en el optimismo romántico del renacimiento francés, sin el sensible fatalismo de occidente. Cuando un occidental lee a Kafka, no encuentra Nihilista. Cuando un oriental lee a Kafka lo encuentra ridículamente neutro.
J. se quitó los lentes. Su miopía era la misma miopía de los pintores impresionistas. A la distancia, en las horas de los árboles iluminados por la amarilla luz artificial del farol de la avenida, reconoció la caricia del viento frío de la noche en la ciudad. A más de tres metros, las imágenes parecían más pinceladas que fotografías, y los rostros eran versiones difuminadas de retratos en pastel, sin bordes. Prefería su visión difusa a un mundo perfectamente delimitado. Solo se preguntaba cuántas estrellas más veían los demás en el cielo.
Parejas. El hombre tiende a juntarse en pares. Solía observar con detalles las expresiones corporales a su alrededor. En la noche, el café solía llevarse de parejas que intentaban ocultar sus intenciones tras una conversación. Un hombre en un costado de las pequeñas mesas circulares y al otro lado una mujer. Al sentarse, se traza una línea invisible en el diámetro de la mesa que no pueden atravesar las manos de los jugadores. El juego inicia con cada pieza del tablero en su costado.
Piden algo de tomar. Las blancas mueven: el hombre propone un brindis y lleva la copa hasta el borde de su territorio, adentrándose por primera vez en las defensas todavía expectantes de las fichas negras.
Las negras mueven: responden con un cierre temporal del tránsito por el canal de acceso, se cruza de brazos y toma un sorbo de coctel mientras mira a otro lugar.
J. identifica el turno en el tablero del el ángulo del tronco del cuerpo de él sobre la silla. Es matemático. En cada maniobra, el jugador intenta acercarse más al terreno contrario, y su ángulo pélvico se reduce. Al terminar la jugada, el ángulo vuelve a su posición inicial o se torna obtuso en una jugada de defensa.
J. se toma un sorbo de cerveza negra. La cerveza negra y el Tom Collins son los únicos placeres por los que le interesa conservar un mal pago trabajo de oficina. Se acaba la gasolina en su encendedor y desiste de prender un nuevo cigarrillo., Se tiende sobre la silla incómoda y su ángulo pélvico es ahora obtuso: era el turno de la soledad.
Kafka se burla del hombre en 1912.
Se acaba la cerveza negra y pide la cuenta.
lunes, 20 de febrero de 2012
Bis
Tengo que escribir una historia pero tiene que ser perfecta. De tiempo perfecto. De personajes perfectos. De realidades imperfectas. De profundidad perfecta. De palabras perfectas.
Empieza en la búsqueda de las miradas. En personajes sin ojos.
Termina con la conclusión del alma, la búsqueda de la realidad.
Explora el alma, explora la vida, se aleja sin ser abstracta.
Se recoge, muta, debe ser ultra realista.
Nada es perfecto.
Pero tiene que ser perfecto.
Pero no soy perfecto.
Tengo que escribir una historia.
Empieza en la búsqueda de las miradas. En personajes sin ojos.
Termina con la conclusión del alma, la búsqueda de la realidad.
Explora el alma, explora la vida, se aleja sin ser abstracta.
Se recoge, muta, debe ser ultra realista.
Nada es perfecto.
Pero tiene que ser perfecto.
Pero no soy perfecto.
Tengo que escribir una historia.
lunes, 13 de febrero de 2012
Realidad
A mi manera intento encontrar ese sentido de realidad del que ella tanto habla. Ella tiene ese presentimiento, de una humanidad que se encuentra a las puertas de un momento importante, donde se tiene que revaluar los conceptos de realidad, de sociedad, de vida, donde las interacciones humanas no están regidas por las mismas leyes físicas que solían regirlas en el resto de la historia.
Hay veces que las preguntas deben ser hechas sin esperar respuesta.
La interacción social se reduce a hacer click en "like". George Orwell no hubiera logrado predecir que la limitación del lenguaje iba a ser dictada por el avance tecnológico en lugar de la opresión política. A las ideas se les pone un límite de 140 caracteres, suficientes para copiar alguna cita de algún autor famoso que sabe expresar mejor las ideas "propias". Estar conectado es un placebo social: un icono verde es suficiente para hacerte creer que hay otras 20, 30 o 100 personas con el mismo icono verde que te acompañan. Hay un miedo paranoide a la soledad, al silencio, a la ausencia de conexión. Nada de ello es real en los términos físicos de la realidad. Son pocos los que saben almorzar sin compañía.
Se puede criticar la falta de materialidad, o se puede intentar explicarlo como una nueva forma de realidad. Una realidad platonizada por el auge de las comunicaciones. Una sociedad que borra las barreras de lo privado (todo el pequeño mundo virtual conoce lo que hiciste el viernes en la noche [no entres a facebook borracho]), que se nutre con un esfuerzo común por olvidarse de los pensamientos propios (memes everywhere). Ver a una chica por web cam es real para una alma contemporánea. Ver fotos de un amor imposible, te hace un acosador real. Hablar con desconocidas y se exitoso en ello, un casanova real. La realidad ya no está en un apretón de manos.
Afortunadamente quedan aún las ganas de arruncharse.
500 páginas para encontrar una escena memorable en 1q84. "El pinar se tiñó del rumor del crepúsculo".. escenas de un atardecer en una institución cerca de la playa.
Hay veces que las preguntas deben ser hechas sin esperar respuesta.
La interacción social se reduce a hacer click en "like". George Orwell no hubiera logrado predecir que la limitación del lenguaje iba a ser dictada por el avance tecnológico en lugar de la opresión política. A las ideas se les pone un límite de 140 caracteres, suficientes para copiar alguna cita de algún autor famoso que sabe expresar mejor las ideas "propias". Estar conectado es un placebo social: un icono verde es suficiente para hacerte creer que hay otras 20, 30 o 100 personas con el mismo icono verde que te acompañan. Hay un miedo paranoide a la soledad, al silencio, a la ausencia de conexión. Nada de ello es real en los términos físicos de la realidad. Son pocos los que saben almorzar sin compañía.
Se puede criticar la falta de materialidad, o se puede intentar explicarlo como una nueva forma de realidad. Una realidad platonizada por el auge de las comunicaciones. Una sociedad que borra las barreras de lo privado (todo el pequeño mundo virtual conoce lo que hiciste el viernes en la noche [no entres a facebook borracho]), que se nutre con un esfuerzo común por olvidarse de los pensamientos propios (memes everywhere). Ver a una chica por web cam es real para una alma contemporánea. Ver fotos de un amor imposible, te hace un acosador real. Hablar con desconocidas y se exitoso en ello, un casanova real. La realidad ya no está en un apretón de manos.
Afortunadamente quedan aún las ganas de arruncharse.
500 páginas para encontrar una escena memorable en 1q84. "El pinar se tiñó del rumor del crepúsculo".. escenas de un atardecer en una institución cerca de la playa.
martes, 7 de febrero de 2012
Hasta qué punto es auténtico el interés. Hasta qué punto el ejercicio social se convirtió en una obsesión. Los pequeños experimentos, los ratones de laboratorio a mi alrededor. Cada vez que soy consiente del efecto de mis palabras, o cada vez que manipulo reacciones, ¿son realmente desde una posición pensante y reflexiva o son nuevas formas de mi carácter que ya no puedo separar?
martes, 3 de enero de 2012
Moca
Pensó en la palabra hedonismo mientras sorbía un trago más de un mocaccino. El lugar era un café al aire libre diseñado para que el extranjero y el ejecutivo sintiera que en Bogotá el producto de los cafetales se toma con clase. Imaginaba que tendría que sentirse culpable por sentirse a gusto en un lugar que rayaba con lo esnob: sillas de mimbre beige, ocre y café, calentadores de gas, piso de madera, y esa placentera música de ascensor compuesta por jazz ligero, música del mundo y cualquier easy listening latino. Todo lo contrario, no se sentía culpable sino muy comfortable con una cálida sensación de pertenencia. "No creo que sea esnob, pero definitivamente soy un proyecto de hedonismo".
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