sábado, 20 de octubre de 2007

Regreso

Ya extrañaba escribir. Supongo que no hay terapia más sensata para reconocerte que escribir sobre tu vida. Al releer una y otra vez las voces en mi diario, me nace el sentimiento de autenticidad que pretendo poseer, a la vez que me sorprendo de lo polimórfico que puedo llegar a ser. Esto no está hecho para ser leído por alguien en particular, simplemente es un ejercicio mental que espero que alguien reconozca. No soy escritor, no soy poeta, y a veces soy músico. La vida de un sujeto como yo gira en torno al estudio y la universidad, pero la verdad es que mi cabeza quiere salirse todo el tiempo. Hay veces que sucede una implosión, y todos los pensamientos que se me quedan me consumen con el tiempo. Soy terco en ser nostálgico, demasiado romántico a veces, y todos me conocen por otras cosas. Ese polimorfismo que tengo, de ser pero no ser, de mirar pero no mostrar, de sentir pero no decirlo, de escribir pero ocultarlo, todo esto lo exprimo aquí, para mí. No espero que alguien me encuentre por esto.
Por cierto, Alonso Llosa es un seudónimo.

jueves, 11 de octubre de 2007

Carta

Hay veces que la soledad te invade. Sueltas palabras al viento para que nadie las escuche, y tu mente recorre melancólica el pasado. Es un efecto que no puedes evitar, porque la memoria funciona para que recuerdes mejor los instantes felices, y logran parecer eternos y lejanos, y le das una y otra vez la vuelta, y te comparas con el ahora. La imaginación permite que viajes en el tiempo y encuentres el punto de convergencia que hubiera cambiando todo el álbum de los recuerdos, y te creas películas con otros guiones donde los personajes realizaron elecciones distintas. Es en el silencio de la ausencia de compañía en que el futuro es más anhelado, y te creas la silueta que te servirá de consuelo. Una sonrisa, un peso al lado tuyo al despertar, con eso te conformás y aparece lejano, poco definido y borroso, y primero tienes que terminar ciertos asuntos, y en algún punto la conocerás, y te sonrojarás, y no soportarás el poder de la mirada porque la creaste con ojos mágicos que descifran el alma.
Después de viajar en el tiempo regresarás al punto muerto que te impulsó el vuelo inicial. Te encontrarás de nuevo aislado y perplejo ante la falta de argumentos para mantenerte a flote. La rutina te consumirá poco a poco, y la única forma para que no te pierdas la intuición será sedándote con distracciones. Anestesiado y apasiguado te darás cuenta de que es inevitable continuar igual, y que lo que buscas no lo encontrarás rápido, y que la espera será mucho más larga de lo que puedes soportar. Probablemente terminarás por seguir otra opción que no contemplabas, y que se vé opacada por la elección primera. Y sigues, y sigues, y sigo. Por otro lugar lejano preguntándote lo mismo que me retuerce los sesos todos los días. Llego sin esperanza, espero que no sea tu caso y que me puedas reconocer cuando se dé el contacto. Busco la mirada mágica, busca la mirada apagada. Te busco ya por costumbre. Encuéntrame si puedes.

lunes, 8 de octubre de 2007

Caminando por el Centro

Hoy decidí escaparme toda la mañana para caminar por el centro de la ciudad. Se suponía que debía encontrarme con compañeros para realizar un trabajo, pero decidí tomar el bus y pasear la ciudad, así que hoy terminé como el sujeto observador que pocas veces tiene la oportunidad de brindarse espacio.
Siempre le he tenido cierta mística al centro. Tal vez es porque años de crianza atemorizada me infundieron la creencia del peligro latente, o porque las altas concentraciones de gente hacen más notorios los contrastes. Es un lugar pintoresco, donde las arquitectura antigua se funde con el exceso de publicidad amateur de comercios informales. La historia de un país reposa sobre los cimientos de la zona, pero supongo que para que pueda continuar el ritmo de la sociedad actual la historia debe ser ignorada. Fue un día de lluvia, uno de los peores del últimos mes, especial para caminatas solitarias. San Victorino, la zona del comercio popular y del contrabando apareció primero, con los anunciantes en las puertas de los negocios con micrófonos y parlantes a todo volumen intentando llamar la atención a fuerza de notoriedad sonora. Chaquetas, celulares, cigarrerías, lechona, todo parece estar en su sitio, y la plaza es la misma plaza de cualquier pueblo del país, pero camuflada entre el transporte masivo y toneladas de asfalto, matizado por los sonidos del tráfico congestionado con el color que sólo los años de smog le brindan a los edificios más antiguos. Caminé en el sentido de los cerros, al oeste, cerca al capitolio, y me quedé mirando fascinado los lugares donde la gente se refugia de la lluvia. Cualquier lugar parece adecuado, y es cuando es evidente que en Bogotá todos los mostradores tienen paraguas a la venta.
Andube por cafés, ministerios, plazas, locales de artesanías, sin rumbo especial, regresando en mis propios pasos, con el paraguas en la mano y mi mente en las calles estrechas y pedestales con personajes desconocidos. Me desilucionó el hecho de que la presencia de universidades trajera consigo el de jóvenes de revistas y moda que también soporto en mi universidad, pero eso también enaltece la policulturalidad de lo verdaderamente urbano, si tal palabra tiene un significado real.
Como siempre observé a las personas caminar, intentando encontrar a alguien que luciera algo introspectivo. No encontré a nadie con la mirada trascendental que imaginaba y disfruté comer solo en un restaurante grande en medio de la lluvia. Pensaba que me toparía con cafés de bohemia en cada esquina, pero más bien fue todo lo contrario y las cosas de las clases más populares están en cada esquina. Sin embargo, el hecho de no encontrar ese mundo intelectual imaginario del que quiero ser parte no evitó que esbozara una sonrisa en mi rostro al tener que volver a la rutina del lunes. Me dí cuenta de que las personas que viven en este pueblo grande se pueden tomar la vida relajademente del mismo modo que yo defiendo pero sin preocuparse por tener una educación en filosofía, literatura o artes. Disfrutan de cosas más simples como una buena promoción o una serenata tradicional. La cantina es tan válida como el pub, y no soy mejor por tener tres idiomas y medio en mi currículo. Una lección de humildad y de ciudad, que terminó con un joven cantando Andrés Calamaro en el bus. Buen día de ciudad.

domingo, 7 de octubre de 2007

Ermitaño

Poco a poco mi fe en encontrar personas similares a mí se va reduciendo. En el fondo sé que es bastante difícil que un estudiante universitario aplicado tenga un libro en su mochila sólo por el gusto de la lectura. También resulta extraño encontrarse con alguien componiendo música al lado de una taza de café. Las personas que asisten al cineforo parecen ser poco carismáticas, y creen que al saber un poco tienen la autoridad para creerse más que los demás. Parece que soy un simple ermitaño que vive sin rumbo dentro de la sociedad de la que se supone se debe alejar. Es una definición simple, pero parece ser la más adecuada, un sujeto sin sueños más que el conocer el sentido de las cosas. No hay montañas a las que me pueda escapar, y la vida ascética no es una opción en la actualidad. Sólo me queda pensar, escribir de vez en cuando y seguir con la corriente. Encuentro personas, amistades, personas de las que me quiero rodear, pero sé que ninguna tiene en la cabeza lo que quiero encontrar, aunque aún no sé que sea aquello a lo que me refiero. Ermitaño sin montaña, ermitaño acomodado, ermitaño sin experiencia. Salgo cada fin de semana con el objetivo de encontrar una persona que me siga el ritmo, pero me conformo con aquella que mire ha la luna. Las pasiones terrenales parecen convencerme sin agresividad, y una vida simple y banal me seduce sin presionar. No he dado el paso completo, porque la soledad me aterra, no lo puedo negar, pero cada vez el dilema de poseer dos mundos opuestos me constipa. La ezquizofrenia llegará, la veo llegar, no podré ser profundo y simpático a la vez, y la soledad me embargará y naufragaré en un limbo de ideas. Ermitaño sin montaña.

miércoles, 3 de octubre de 2007

One Bourbon, One Scotch, and One Beer

Maestro del Boogie Woogie. John Lee Hooker, el tartamudo que supo llenarnos de Blues.

Cada Día se la Traga mi Corazón

Uno de los músicos que más respeto se llama Juan Manuel Tomás Arturo Chao, o mejor "Manu Chao". Gracias a él tal vez tuve ese temprano impulso de aprender algo de francés que se me ha olvidado con el tiempo pero que me alcanza para leer ciertas palabras de manera correcta, y fue una de mis mayores influencias en mis tiempos de Reggae y Ska, aunque la verdad no puede encasillarse en ningún genero músical. Si algo puede llamarse "alternativo", serguramente será la música de este francés de padres españoles y que nos canta en todos los idiomas. Empezó con su familia en Mano Negra, y siempre ha demostrado que la música puede llevar un mensaje de la realidad, y que la política está para el que la busca ahí.




Este año sacó su nuevo Álbum "La Radiolina", y entre la muy buena música que trae se encuentra la premiada "Me llaman Calle", que sirvió de banda sonora para la muy buena película "Princesas". Así que observad: Manu antes y ahora...


lunes, 1 de octubre de 2007

Insomnio

Indecisión. Eso llena mi cabeza cuando me doy cuenta de que quiero ser muchas cosas pero a la vez no soy ninguna del todo. Estoy leyendo unas historias de Poe y me doy cuenta de que soy este joven pensador encerrado en una jaula de clases de física y diseños de cosas que pocos comprenden. Me pierdo en las ideas sobre los caminos de los antiguos filósofos para alcanzar la verdad, inducción o deducción, pero debería estar leyendo sobre amplificadores operacionales con realimentación, todo para poder sacar la carrera adelante. ¿Qué sospechará la persona en el bus que me vé sacar un libro olvidado y en otro lenguaje cuando logro conseguir sitio?... no creo que se dé cuenta de que estudié gramática musical por siete años, que mis labios son gruesos porque se acostumbraron a la embocadura de mi saxofón alto, que toqué en dos orquestas sinfónicas, que fuí galardonado como el mejor bachiller de mi promoción, que estuve en finales de olimpiadas de física y química, que sé algo de japonés, que mis falanges se han engrosado por tomar las baquetas para tocar la batería, que estudio una ingeniería y que también me gusta. Al final del día simplemente termino revisando las últimas noticias de fútbol y el correo esperando que algo suceda. Acaba de terminar la semana de receso, y la ausencia de clases no me modificó el panorama. Ahora permanezco indeciso, atrasado con mis deberes, a la espera de algo que me marque el camino a seguir. La banda está paralizada, sin vocalista, buscando un nombre nuevo, y un impulso que perdió unos meses. La composición depende de mí y no tengo ni el tiempo ni la disposición que necesito para dedicarme. El cine parece no ser suficiente, una vez a la semana es poco trascendente para el universo que encierra el arte del movimiento. Mi tiempo de lectura es ahora incierto debido a la cantidad de distracciones que poseo. El fútbol me apasiona como a un colombiano más que se conmueve y sufre con la selección. Mis amigos y las mujeres trastornan las prioridades.
Creo que llegué al punto en que no tengo prioridades. No creo que mis fantasías se puedan considerar como sueños, hacer música, viajar, tener un trabajo cómodo, nada concreto; tal vez esta difusa imagen de la mujer que quiero y que cada vez se ve más lejana, pero un sueño después de todo. Antes funcionaba ser el número uno académicamente, ahora no lo soy, y me he vuelto mediocre, un paria del estudio. No, no es el estudio el que me rechaza, soy yo el que lo aborrezco ahora que tengo cierto grado de libertad. Debe ser la libertad el problema, algún filósofo sabía bien que el hombre no sabe qué hacer con la libertad, y que las masas necesitan a alguien que les diga su camino, y aparece lo absurdo del sistema. Sería fácil señirse al estudio y dejar todo de lado. No tendría que estar escribiendo pensamientos sin destino ni argumento, y mi mundo giraría en torno a la lectura académica y a seguir un currículum y un programa establecido, como todo padre quisiera que fuera. Sé que si mi tiempo se gastara en esto con facilidad retornaría a esos primeros lugares que probablemente me ayudarían a conseguir un trabajo estable y acomodado, con el respeto de toda la institución.
Nonsense. Este post es todo lo que me pasa cuando se me traba la máquina de hacer música. La nostalgia por tener el saxo guardado puede ser el culpable, y la falta de esa armónica tan postergada. Debo ser un iluso si creo que puedo ser músico, científico, letrado y enamorado a la vez. La ilustración fue una utopía que fracasó, y no debo ser algo en contra de la historia. Supongo que será cuando sea un anciano retirado que el conocimiento llegará por la experiencia y por el tiempo, y me burlaré de lo osado que era al querer ser todo y nada tan joven. Punks, metaleros, médicos, arquitectos, vagabundos.... sería más fácil cumplir con un estereotipo que te diga la forma de vestir y de actuar, el miedo a la individualidad y a tomar tu libertad hacen que los grupos dicten tu forma de ser. Esto se alarga, tengo que dormir.